Alberto Cañas

Enviar
Sábado 31 Agosto, 2013

Estrecho desde aquí la mano de la niña que conocí en Lima en 1955, de la estudiante que recibí en 1968 o 69, y de la periodista a quien he seguido con fe durante tantos años. Buena suerte, Pilar


Chisporroteos

El retiro de Pilar Cisneros, después de décadas de ser una auténtica estrella de nuestro periodismo, constituye un acontecimiento que no nos queda más remedio que lamentar en voz alta. Va a costarnos mucho, a todos, acostumbrarnos a no tenerla a nuestro alcance.

No sé a qué va a dedicarse ahora, pero no será a algo sin importancia o tonto, como tantas cosas abundan. No está en su naturaleza el ser intrascendente.

La conocí mucho antes que los demás costarricenses. Me unía cierta amistad con su padre, distinguidísimo abogado peruano, a cuya casa fui invitado en una pasada por Lima, cuando Pilar era aún una niña.
Luego aparecieron en Costa Rica. Mi amigo Cisneros había salido de Perú exiliado y buscaba la paz de Costa Rica con su familia, de la cual yo no era el único amigo aquí.

En esas circunstancias, se produjo un cambio violento en la política peruana y el nuevo gobierno de Perú nombró al exiliado Máximo Cisneros magistrado en la Corte Interamericana de Derechos Humanos con sede en San José, y aquí se quedó él y se quedó su familia, hasta que años después, por circunstancias propias de las familias, algunos de los numerosos hijos de Cisneros regresaron a su patria. Pero Pilar se quedó aquí, y en buena hora, para convertirse en una de las estrellas auténticas de nuestra televisión.

Recuerdo bien cuando llegó a la Escuela de Periodismo de la Universidad de Costa Rica que se acababa de abrir y yo dirigía, y allí se destacó pronto como una de las auténticas estrellas entre los estudiantes.

(Perdone el lector y perdone también la modestia de Pilar la frecuencia con que he estado empleando la palabra estrella, pero no he encontrado una mejor para referirme a la Pilar estudiante y a la Pilar periodista).

Bajo su dirección, el noticiero del canal 7 ha sido un ejemplo de veracidad, de objetividad y en general de seriedad. Los costarricenses terminamos por acostumbrarnos a creer lo que Pilar Cisneros nos decía, con buen modo, con buen manejo de su voz y expresándose en buen castellano.

Ahora que se retira, me quedo extrañándola y deseo que no se vaya. Quiero decir, que siga siendo la estupenda periodista que ha sido, aunque en alguna posición distinta de la que ha ocupado.
Estrecho desde aquí la mano de la niña que conocí en Lima en 1955, de la estudiante que recibí en 1968 o 69, y de la periodista a quien he seguido con fe durante tantos años. Buena suerte, Pilar.

Alberto F. Cañas