Alberto Cañas

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Sábado 10 Agosto, 2013

Debo hablarle a don Luis Guillermo Solís, para pedirle que instruya a su fracción para que no se deje a las autónomas sin Junta Directiva


Chisporroteos


He leído, con optimista sorpresa, que el Poder Ejecutivo se propone pedir a la Asamblea Legislativa que derogue la ley que estableció el fatídico 4-3 en las juntas directivas de las autónomas, que para lo que ha servido es para que pierdan su autonomía.

Pero si se ha de derogar esa ley no puede ser, como lo informa la prensa, para eliminar las directivas. Eso sería un disparate y convertiría lo que la Constitución llama instituciones autónomas, en meras oficinas del Poder Ejecutivo.

Hasta que se dictó la ley cuya derogatoria se anuncia, las juntas directivas de las autónomas se renovaban parcialmente año tras año. El Gobierno que asumía el poder las recibía con juntas directivas nombradas en su totalidad por la administración anterior, y tenía cuatro años para irlas renovando por cuartas partes, de manera que el gobierno nunca las controlaba. Y el nombramiento de los gerentes ocurría en las autónomas por lo general con juntas directivas compuestas equitativamente por directores nombrados por el gobierno de turno y directores nombrados por el gobierno anterior. Así, se evitó que hubiera nombramientos políticos de gerente en las autónomas. Todo era conversado, discutido y acordado por directivas donde había variada representación política.

La ley cuya saludable derogatoria se anuncia ahora fue una de las que, desde la Asamblea Legislativa que él presidía, logró hacer aprobar Daniel Oduber, leyes que, si él llegaba (como nunca dejó de aspirar) a la Presidencia de la República, le darían un poder casi absoluto sobre el Estado costarricense. Efectivamente, cuando fue elegido presidente en 1974, recibió un Estado totalmente dominado por la presidencia de la República. Los preparativos le habían salido bien, y su gobierno fue bueno. Pero convengamos en que fue el último auténtico gobierno que tuvo Costa Rica.
Ahora debo hablarle, no al oído sino a gritos al candidato presidencial de mi partido, don Luis Guillermo Solís, para pedirle que instruya a su fracción para que, cuando llegue ese proyecto que se anuncia a conocimiento de la Asamblea, no se deje a las autónomas sin Junta Directiva, sino que se vuelva al sistema que tuvimos hasta que se dictó la ley cuya derogatoria se anuncia, y que fue una edad de oro para ellas.
Y de paso aprovecho para solicitarle encarecidamente que haga estudiar por su gente un mamarracho de proyecto que hay pendiente en la Asamblea Legislativa, que destruye el sistema de premios nacionales que se creó en 1960, y deja las decisiones respectivas en las manos (lamentablemente no siempre inteligentes) del Ministro de Cultura. En los dos casos me pongo a la disposición de los diputados de mi partido, por si creen que mi consejo o más bien mi experiencia, puede servirles de algo.

Alberto F. Cañas