Alberto Cañas

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Miércoles 24 Julio, 2013

Desde el domingo pasado estoy pensando que a lo mejor los elementos más capacitados del padrón electoral reflexionaron


Chisporroteos

El hecho de que esta columna tenga días fijos de la semana para ser publicada, es en realidad, —a mis ojos y precisamente hoy—, algo que me complica la vida. La tentación de comentar lo que ocurrió el domingo en la convención del PAC es muy grande, pero no puede ni debe satisfacerse mientras no se conozcan los resultados definitivos y finales de esa consulta popular. Resistir la tentación, es una de las cosas que el ser humano aprendió en el Paraíso Terrenal.

De tal manera que me obligo a no caer en la tentación, y a no hablar de ese asunto y su resultado antes del próximo sábado cuando ya los resultados finales de lo ocurrido el domingo serán conocidos.

Sigo creyendo que así como la elección debe ser popular, la escogencia de candidatos debe estar a cargo, como sucede en lo países europeos y en la América del Sur, de los grupos dirigentes de los partidos, que pueden reunirse, analizar, cotejar, comparar, estudiando con cuidado las situaciones del momento y las posibilidades del futuro, y escoger el pre-candidato o los dos o tres pre-candidatos que se someterán a la consideración popular, olvidándose hasta donde sea necesario de los auto-candidatos previo un análisis frío de las perspectivas, las posibilidades y las probabilidades.

Siempre recuerdo lo que se cuenta acerca del partido laborista inglés, que para las elecciones de 1945, inmediatamente después de terminada la segunda guerra mundial, les comunicaron a los comités locales del partido que por esa vez, la selección total de los candidatos estaría a cargo de la más alta dirección nacional del partido, y que tuvieran paciencia. Así, llenaron de médicos la Cámara de los Comunes, y en pocas semanas quedó aprobado el grandioso plan de salud que ha sido el orgullo de los británicos, y que la malhadada señora Thatcher hizo lo imposible por destruir, y logró, eso sí, dañar.

En toda sociedad hay decisiones que deben estar en manos de las personas más preparadas y capacitadas, lo cual es una garantía. Aunque luego la elección final sea democrática y esté en manos del pueblo. Siempre he creído que aquí debíamos estudiar el sistema uruguayo (por lo menos el que funcionó antes de la dictadura, que ahora no sé cómo anda), que ha sido la más inteligente manera que se ha concebido de garantizarle a un país que las decisiones finales tendrán los resultados más favorables a las situaciones, más allá de los caprichos de legisladores no muy bien enterados.

En Costa Rica ha llegado la hora de reflexionar, y desde el domingo pasado estoy pensando que a lo mejor los elementos más capacitados del padrón electoral reflexionaron.

De eso espero y deseo que pueda hablar en mi próxima columna.

Alberto F. Cañas