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Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 10 julio, 2013


Es la primera vez en mi vida que me siento decididamente pesimista. No creo que Costa Rica haya pasado por una situación similar jamás


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Realmente, las perspectivas de este país son acongojantes. Tenemos una abundancia de aspirantes a candidaturas presidenciales, pero sólo uno con antecedentes que lo acrediten, y ninguno con ideas que interesen.
Es de creer que lo único que muchos de ellos pretenden es que cuando fallezcan, se diga que fueron precandidatos a la Presidencia de la República, cosa que algún día una ley ordenará que se diga de todo tico que muera.

Mientras tanto, el país entero se auto-contempla y es fácil concluir que lo que contempla no le gusta. Todavía el tema que más se discute en las conversaciones, es el viaje de la presidente a Lima en un avión que nadie sabe qué otras mercaderías transportaba.

El único político que anuncia o presenta ideas sobre el futuro, advierte que no está interesado en el 2014, y que, tal vez, podría llegar a estarlo en el 2018.

No creo que Costa Rica haya pasado por una situación similar jamás. Y como no hay antecedente que nos ilumine, no le es posible a nadie predecir o adivinar qué va a suceder, ni con qué consecuencias.

Pero el país tiene fechas fijas y en ellas tienen que ocurrir ciertas cosas, querrámoslo o no lo querramos, gústennos o no nos gusten. El gobierno actual terminará inexorablemente, y tendremos un gobierno nuevo, también inexorablemente. Lo que los costarricenses no sabemos todavía es qué debemos hacer para que ese nuevo gobierno sirva de algo.

He sido a lo largo de mi vida un estudioso de la historia patria, concretamente de nuestra historia republicana, que es la única que se proyecta e incide sobre la vida actual. Y francamente, no encuentro que la situación actual tenga algún precedente. (Y si se me permite una gracejada, a la situación actual tampoco le veo presidente).

Lo que hay es una interminable lista de diputados que se han inscrito como pre-candidatos acompañados, claro está, de otros que no son diputados. Pero ninguno ofrece una hoja de antecedentes ni una hoja de propósitos. Con decir aquí estoy quedan contentos y orondos. Ellos sí, pero el prójimo no. Y el prójimo somos todos nosotros. Es la primera vez en mi vida que me siento decididamente pesimista.

Alberto F. Cañas


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