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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 12 diciembre, 2012


Pareciera que cada día hay más costarricenses que se convencen de que estamos viviendo una verdadera crisis política, y de que el país está necesitando, si no pidiendo, un susto como el de 1966


CHISPORROTEOS

Conforme pasan los días, me parece que va tomando fuerza algo que predije o propicié en columna reciente: que el horizonte de pre-candidatos tendería a aclararse si no es que a disminuir, y que la oposición comenzaría a buscar o a encontrar nombres fuera de las listas de diputados que se han auto-proclamado.

El terminante retiro de José María Figueres como precandidato del PLN (que yo tuve por seguro desde que apareció en Costa Rica porque adiviné en él otras intenciones que posiblemente ve a punto de realizarse) y el fortalecimiento casi simultáneo del alcalde de San José solo pueden verse como un aclaramiento del horizonte dentro del partido de gobierno. Y dentro de la oposición comienzan a observarse algunos movimientos que yo diría que tendrán, aunque no los propicien, resultados similares. Uno de ellos, el empeño de algunos ciudadanos en distintos cantones, de pedirle a Ottón Solís que acepte esa cuarta candidatura que él rechaza, basados, quienes tal pretenden, en su convicción de que es el político mejor capacitado para gobernar con que Costa Rica cuenta actualmente.

No sé qué fortuna tendrán. Conozco a Ottón Solís como un hombre de ideas muy firmes y muy difícil de convencer de lo contrario de lo que en un momento dado está pensando. Pero la fuerza que tome ese movimiento que lo busca, será indudablemente una seña de que de ese lado hay una fuerte corriente que no quiere jugársela con nombres que todavía no se hayan probado, estén en la política, o en otras dimensiones como la universitaria, pero no en la Asamblea Legislativa donde no se ha lucido nadie.

En todo caso, a mi modesto juicio los movimientos de estos días tienen como elemento común un afán, dentro de la oposición y aún dentro del partido de gobierno, de que las cosas se decidan con base en labor hecha y no en promesas que muy pocas, poquísimas veces son concretas.

Pareciera que cada día hay más costarricenses que se convencen de que estamos viviendo una verdadera crisis política, y de que el país está necesitando, si no pidiendo, un susto como el de 1966.

Recuerde el lector lo que tantas veces hemos dicho tantos ciudadanos: el país tiene gente. Lo que pasa es que la mejor gente se ha hecho a un lado y no quiere participar de las interioridades un poco malolientes de la Asamblea Legislativa y del partido de gobierno. Por no hablar de trochas sobre las que nadie averigua ni dice nada.

Alberto F. Cañas

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