Alberto Cañas

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Sábado 3 Noviembre, 2012

CHISPORROTEOS

Tal y como se están poniendo las cosas, me parece que el proyecto de establecer en Costa Rica una dinastía se está llenando de agua y a lo mejor naufraga, lo cual es de celebrar porque, la verdad sea dicha, eso de las dinastías nos resulta a los ticos muy exótico, pues aquí a nadie se le había ocurrido montar una, como la que han montado en Argentina, donde la mujer ha heredado la presidencia de su difunto marido.

El precandidato Arias se queja de que el precandidato Araya esté ejerciendo su cargo de Alcalde de San José, y considera que esto le coloca a él (¿sólo a él?) en cierta desventaja, porque la verdad es que cuando un funcionario suena como candidato es porque ha sido un buen funcionario, y no hay razón para que acorte su labor más acá de lo que diga la ley. Otra solución, y me imagino que a algún diputado se le ocurrirá, es que cuando un precandidato esté desempeñando una función pública, los demás precandidatos también la desempeñen, de suerte que tengamos en San José tantos alcaldes como precandidatos existan, tanto en el partido de gobierno como en la oposición.

Lanzo la memoria un poco atrás, y los dos de que me acuerdo que han pasado por esa situación, don León Cortés y don Francisco José Orlich, renunciaron a sus cargos ministeriales (que tienen prohibición de actividad política, que no la tiene un alcalde), menos de un año antes de la elección, sin que a nadie la pareciera inconveniente semejante cosa. Si la aspiración de mi estimado señor Arias se basa en su labor de Ministro durante la administración de su hermano, pues que la use y la subraye en su propaganda, cosa perfectamente normal.
Pero lo que ahora se le ha ocurrido, tengo para mí que no funciona.

Salvo que uno crea que los funcionarios que se desempeñan bien lo hacen para hacerse propaganda hacia una eventual candidatura… y esto, evidentemente, no cubre el señor Arias.

El panorama dentro del PLN se aclara con la declaración de mi querido don José María Figueres, de que no correrá esta vez. Tanto es así, que pareciera que la pugna interna del PLN va a ser exactamente entre los señores Araya y Arias —los cito en orden alfabético—, y lo que falta por ver es cómo se pone la cosa dentro de la oposición, que esa sí está muy complicada con tanto partido, partidito y partiducho y tanto diputado, diputadito y diputaducho con gana de candidatizarse (el verbo proviene de candidato y no de cándido)

Me sorprende, porque es sorprendente y carece de antecedentes en nuestro país, la cantidad de diputados que se han proclamado precandidatos sin aducir ningún argumento en favor ni alguna obra realizada, salvo la circunstancia, totalmente aleatoria de estar ocupando en este momento una curul dentro de la Asamblea Legislativa.
Sería bueno y sano que hicieran pública y alegaran su labor legislativa. “Yo soy el diputado que hizo esto o aquello”. Porque hasta el momento lo único que circula son su nombre y apellidos, a lo cual podrían agregarle el número de su cédula de identidad.