Alberto Cañas

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Miércoles 17 Octubre, 2012


CHISPORROTEOS


Nunca tuve la oportunidad de tratar a ese político que acaba de fallecer, José Merino del Río, pero la ausencia de contacto personal con él creo que me permitió observar y juzgar con entera objetividad lo que fue su labor de diputado, uno de los más notables que han pasado por nuestra Asamblea Legislativa.
Había una ética absoluta y total presidiendo sus actuaciones, dentro de una ideología que no comparto, pero que no le impidió analizar los asuntos sobre la base de la conveniencia nacional. Creo que se parecía en eso a su cofrade Manuel Mora, a quien se ha distinguido como Benemérito de la Patria por el sentido muy costarricense que dio a su prolongadísima actividad política.
Es de subrayar, porque lo acredita aún más, que Merino del Río no nació en Costa Rica; era un tico naturalizado pero totalmente absorbido por su nueva patria, y su conducta de legislador fue un ejemplo para todos.
Por eso me extrañó, por lo que tiene de pequeñez espiritual, la conducta de la fracción liberacionista de la Asamblea, que se retiró del recinto en el momento que se le rendía a Merino el homenaje usual y mínimo del minuto de silencio en su memoria. Se estaba honrando así la conducta de un ser humano, no su ideología. Así como hay muchas personas cuyas ideas políticas compartimos pero cuya conducta abominamos (en la actual Asamblea Legislativa hay suficientes), existen otras con las que nos ocurre todo lo contrario. Es su conducta y no su ideología la que provoca nuestra admiración, la que nos sobrecoge ante la noticia de su muerte.
Ojalá pudiéramos llevar cada cuatro años a la Asamblea Legislativa, al menos un diputado que sea un trasunto de José Merino del Río. La Asamblea ganaría prestigio.
Ha llegado a mis manos copia de un documento que, según me dicen ha sido promovido por Mariano Figueres. Es un llamado a la ética política y a la honradez que han firmado personalidades nacionales provenientes de todos los partidos, a cuyas firmas orgullosamente agregaría la mía si se me solicitara.
Ese documento podría ser el punto de arranque de una Costa Rica nueva, que preservaría los más claros y fuertes caracteres de la Costa Rica que hemos venido perdiendo, entregado el partido hasta ahora mayor (Liberación) a una posición de derecha casi extrema que tiene que estar alegrando el corazón del Partido Republicano de los Estados Unidos, que nos impuso un Tratado de Libre Comercio que don Oscar Arias predijo que nos pondría a todos a circular en automóviles Mercedes Benz.

Alberto F. Cañas