Alberto Cañas

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Sábado 22 Septiembre, 2012


CHISPORROTEOS

No recuerdo nada más ridículo que el escandalito en un vaso de agua que ha intentado un político de tercera categoría protestando porque la imagen de José Figueres esté en uno de los billetes de la nueva emisión, aduciendo el torpe argumento de que, estando uno de sus hijos participando en la política electoral, la emisión del billete tiende a favorecerle sus intenciones políticas.
El país dijo la última palabra sobre don Pepe cuando las tres encuestas que hizo el periódico La Nación (que siempre lo combatió) en el año 1999, lo declararon el costarricense más importante del siglo XX, poniendo en segundo lugar a Alfredo González Flores y en tercero a Ricardo Jiménez. Tres grandes estadistas intachables.
De paso, el escandalito pide que se ponga la imagen del Dr. Calderón Guardia en los billetes. Sobre él ya la historia ha dado su fallo definitivo: autor de una obra de gobierno que me atrevo a calificar de formidable, la ensució con su conducta política cuando propició un fraude electoral en 1944 que le robó la presidencia a León Cortés, y le impuso como primer designado (hoy primer vicepresidente), violando la Constitución, al hermano del Dr. Calderón.
Y cuando la campaña electoral de 1947 con él de candidato la convirtió el calderonismo que gobernaba, en una tragedia con asesinatos de toda clase.
No es necesario insistir mucho sobre 1948. Trasladémonos a 1955, cuando el Dr. Calderón Guardia, ayudado y financiado por la más degradante y maloliente banda de dictadores que se haya conocido (Anastasio Somoza, Fulgencio Batista, Rafael Leonidas Trujillo, Marcos Pérez Jiménez), invadió a Costa Rica para intentar el derrocamiento de un presidente libre y limpiamente electo. El país ha pagado su deuda con el Dr. Calderón, dada la cantidad de monumentos y estatuas suyas que su hijo le procuró mientras tuvo influencia y poder político. Pero el balance entre la obra de gobierno y los crímenes le ha sido desfavorable. Como a ciertos presidentes de los siglos XIX y XX (Montealegre, con buena obra de gobierno, y Tinoco, sin ninguna), nunca se los vio en las estampillas de correo (cuando ése era el premio al buen gobierno), ni se les verá en los billetes, que parecen ser el premio actual.
Está muy bien José Figueres en los billetes. Como lo estarán alguna vez Ascensión Esquivel, Cleto González Víquez, Ricardo Jiménez, Francisco Aguilar Barquero, Julio Acosta, Otilio Ulate, Mario Echandi, Francisco José Orlich, José Joaquín Trejos (por limitarnos a gobernantes del siglo XX). Pero como acabo de decirlo, no todos. Y menos los que precipitaron a Costa Rica en la violencia repetidas veces.

Alberto F. Cañas