Alberto Cañas

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Miércoles 11 Julio, 2012


CHISPORROTEOS


Mi buena amiga Evelyn Ugalde me obsequió el lunes los últimos libros que ha publicado la editorial que ella dirige, y me hizo una seña para llamar mi atención sobre uno de ellos. Como conozco su buen criterio, al llegar a mi casa a las 4 de la tarde, lo tomé en mis manos y comencé a leerlo. No paré de leer y a las 10 de la noche el libro estaba leído, saboreado y disfrutado.
Se trata de una novela. La firma Sebastián Aureliano (que estoy convencido de que es un seudónimo, cuidado si no de un escritor conocido), y se titula LOS CUATRO LADOS DEL FUTBOL.
¿Una novela sobre fútbol? De seguro será un argumento cajonero al final del cual el equipo protagonista logra un gran triunfo, si no un campeonato. Pues no, señores. Ese no es el argumento de la novela. La novela tiene cinco argumentos independientes uno de otro, todos relacionados de cerca o de lejos con el fútbol, y que culminan todos simultáneamente durante un juego final de campeonato, notablemente bien narrado, en el cual el triunfador es el Saprissa, equipo sobre el cual giran muchas cosas en el libro. El autor indiscutiblemente no es alajuelense.
Resulta imposible admitir que ésta sea la novela de un novel. El planteamiento de cada una de las cinco historias, la forma en que cada una se desarrolla y se resuelve, no parecen obra de un principiante sino de un escritor experimentado que conoce bien las técnicas, las maneras y el lenguaje. El lenguaje de la novela es decididamente costarricense, aunque contiene algún anglicismo intolerable, y en muchos casos el costarriqueñismo no se conforma con las reglas académicas del idioma, pero la verdad es que esto no le quita calidad y le aumenta realismo a la novela.
Cuatro de las cinco historias tienen que ver con el deportivo Saprissa y su estadio; la quinta y más breve está ubicada dentro de éste.
El cuidado con que están armadas y narradas todas las historias, la técnica con que el autor consigue mantener el interés en cada una de ellas, muestran un escritor hecho y derecho, y con fuerza narrativa. Dudo de que en el curso de este año haya aparecido o vaya a aparecer un novela costarricense de tanta fuerza, tan movida y tan entretenida. Gracias a Evelyn Ugalde por su regalo, y gracias a Sebastián Aureliano, más bien a quien se esconde tras ese seudónimo, por una lectura agradabilísima, refrescante y sólida.

Alberto F. Cañas