Alberto Cañas

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Sábado 7 Julio, 2012


CHISPORROTEOS

No me queda la menor duda de que en este país ni los refranes se cumplen. Aquí, en guerra avisada sí muere soldado. Hasta el curioso accidente que hundió un puente en estos días, había sido avisado con lujo de detalles, pero como es típico de este país de Dios, nadie hizo caso, y al puente se lo llevó candanga sin que se pueda o se quiera fijar responsabilidades. No sé si en el gobierno estarán muy ocupados firmando cartas de recomendación o abriendo licitaciones privadas en las que solo uno de los participantes pertenece al gremio respectivo pero es lo cierto que en el caso del puente nada hicieron. Y en guerra avisada, una vez más, murió soldado.
El accidente se produjo. Lo han digamos contrarrestado con un puente Bailey, estructura que según dicen los que saben tiene un carácter provisional pero en Costa Rica se lo tiene por definitivo. Habrá que preguntar cuánto puede buenamente servir un puente de esos. Y esperar sentados alguna respuesta.
Se dice que la Compañía Lírica se propone hacer este año lo que están haciendo en muchas partes sus similares: acoger en su seno, además de las óperas de rigor, operetas y zarzuelas. Y que su próxima producción será una zarzuela. Me temo que será Los Gavilanes, que para muchos costarricenses es la única zarzuela que existe y ya aburre. Hace unos años, cuando tenía que viajar con frecuencia a España en menesteres de la Academia de la Lengua, logré ver allí algunas zarzuelas de la famosa década 1920-1930, que me sorprendieron por su calidad tanto musical como literaria, y que me tomo la libertad de sugerirle a nuestra Compañía Lírica que las estudie. Por ejemplo, El Huésped del Sevillano, de mismo compositor que Los Gavilanes, pero con un estupendo libreto en el cual figura como personaje importante don Miguel de Cervantes, y una bellísima música. La Leyenda del Beso, un estupendo espectáculo, La Calesera, divertidísima y con música muy pegajosa. Métanse por ahí que hay muchas más, los señores de la Lírica, y dennos algo que no sea cajonero y muy visto.
Eso de que la Caja de Seguro Social haya decidido intervenir el Hospital Max Peralta de Cartago, tiene sus bemoles y sus sostenidos. La verdad es que ya hacía falta en la institución que se tomaran medidas contundentes para apaciguar el desastre de las citas médicas a un año plazo y el “mejor acuda a un centro privado aunque no tenga con qué pagarlo”. Ojalá de esa intervención surjan otras, y los directores de la Caja se olviden de ese rumbo que tiende hacerla la principal cliente de la Clínica Bíblica. Reafirmemos la sana y sabia política con que se creó la Caja en la Administración Calderón Guardia: servicios médicos para toda la población, no exactamente gratuitos, dentro de una concepción de que los patronos paguen su cuota pero sin que muchos de ellos recurran a los servicios de la institución. Solidaridad se llama esta figura.

Alberto F. Cañas