Alberto Cañas

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Miércoles 13 Junio, 2012


CHISPORROTEOS


La fotografía que se publicó en estos días, que muestra a don Ottón Solís, durante una Asamblea General del Partido Acción Ciudadana, sentado detrás del mecate que lo separa de la Asamblea, es la mejor confirmación de lo que vengo diciendo hace años: el partido está infiltrado por gente que ni cree en sus estatutos ni cree en sus programas de gobierno, ni cree en don Ottón. Y esa gente figura en los cuerpos que tienen a su cargo, entre otras cosas, designar los candidatos a diputados.
Ustedes comprenden que hay una contradicción palpable entre las razones parcialmente éticas por las cuales el partido se fundó, y la posición digamos ética de quienes dominan su asamblea. No hay nada que pueda satisfacer más a un ser humano consciente, que ver la confirmación palpable de un mal que intuyó y señaló tiempo atrás.
Imagínense ustedes que a don Ottón le dé un berrinche (cosa poco probable porque no es berrinchoso) y decida irse del Partido y dejarlo huérfano. Qué les quedará en sus manos a quienes lo vienen manejando.
En fin, las cosas son como son o mejor dicho, están como están, que en materia política tienden siempre a cambiar. Pero es bueno que los millares de costarricenses que se acercaron al PAC porque vieron en él una esperanza de ética y de moral, mediten si deben tomar alguna actitud o aprestarse a dar una pelea. A eso se reduce todo.
Por otra parte, y cambiando de tema, me parece excelente la noticia que me han dado de que la puesta en escena de la ópera Tosca, que se estrenará el 22 de este mes, es respetuosa de la concepción que de ella tuvieron sus autores, y que no vamos a ver ni un dúo de amor con los enamorados dándose la espalda (como tuvimos que soportar en Madame Butterfly), ni a la protagonista femenina “bajando unas gradas de culo”, como denunció Andrés Sáenz que ocurrió en el Fausto que con un costo de millones montaron hace pocos años (y al que naturalmente, ni me acerqué). En ciertas ciudades europeas, en las que están ya aburridos de ver los clásicos teatrales, les gusta ver modificaciones en las puestas. Pero nosotros, pobres campesinos que no hemos visto nunca Hamlet, podemos terminar creyendo que Hamlet es una señora, como ocurrió en el único Hamlet que aquí se ha visto. Eduquemos al público, no sigamos satisfaciendo los caprichos de los extravagantes.

Alberto F. Cañas