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CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 30 mayo, 2012



CHISPORROTEOS


No es que intente volver a mi vieja ocupación de crítico teatral (que me obligaría a visar cuanto evidente mamarracho o teatricidio aparezca en las carteleras), pero como en los últimos días se han visto cosas que valen la pena, ocupo esta columna para instar a las personas amigas del buen teatro a que acudan.
Fue, en semanas anteriores, Concherías. Es ahora, la inauguración del nuevo Teatro Espressivo en Curridabat, con una presentación de La Escuela de las Mujeres, de un dramaturgo que nunca falla entre nosotros: Moliére.
La Escuela de las Mujeres no figura entre las mejores obras del jovial clásico francés, y no recuerdo que aquí se haya visto antes, pero es una trama sencilla con un desenlace un poco enredado, en la que el autor de alguna manera y con gran humor, defiende el derecho de las mujeres a casarse por amor.
María Bonilla ha dirigido esta obra haciendo alarde del aliento dramático que algunas veces ha mostrado en puestas memorables como Magdalena y Aguas Negras y que en otras ha parecido empeñada en esconder. Se podría decir que lo que ha hecho con La Escuela de las Mujeres es un ballet de estupenda y cómica coreografía.
Un reparto sumamente apropiado que encabeza Manuel Ruiz y que me imagino compuesto básicamente por estudiantes de la escuela de artes dramáticas, les saca el mejor provecho posible a las posibilidades de movimiento, dejando en segundo lugar las ocurrencias o chistes de diálogo que no son en ese caso de gran importancia. Me llamó la atención el trabajo de las dos muchachas y del galán joven. Lamentablemente perdí el programa y no puedo citar sus nombres, pero dense por citados.
Lo importante aquí es el movimiento en un escenario totalmente carente de muebles y objetos, dentro de una escenografía que es el único elemento defectuoso y negativo que tiene el espectáculo
Ojalá que este teatro que comienza tan bien mantenga el nivel con que se ha inaugurado. Por lo pronto, nadie que acuda a esta especie de llamado que hago, se arrepentirá. El espectáculo es delicioso. Y no cierro sin mencionar que Rolando Trejos, el vestuarista que metió las de andar en Concherías, aquí se reivindica totalmente, pues La Escuela de las Mujeres está vestida como Dios manda.

Alberto F. Cañas