Alberto Cañas

Enviar
Sábado 19 Mayo, 2012


CHISPORROTEOS


Lo que ha ocurrido con la carretera Mora paralela a la frontera, es un ejemplo típico del estado de corrupción a que ha llegado el Estado costarricense. Una obra hermosa, un timbre de honor para la Presidenta Chinchilla, que la puede convertir en una figura histórica, convertida por algunos en un negocito o negociote por otra parte bastante torpe. De alguna manera, eso es lucrar indecentemente con la Patria.
Pero me pongo a pensar cuántas de esas cosas aparecen, cuántas de esas cosas se saben, cuántas de esas cosas se ordena investigar, y cómo no se llega a conocer nunca el resultado de la investigación respectiva. Es hora ya de que alguno o algunos paren en la cárcel (y que cuando cumplan la condena no aspiren a presidir la Asamblea Legislativa).

Esa carretera podrá tener un efecto similar al que tuvo la construcción de los ferrocarriles: ampliar el territorio nacional. La visión del gran Tomás Guardia permitió que Costa Rica dejara de ser un valle Central. La carretera Mora hará que Costa Rica llegue hasta su frontera norte. Ni más ni menos.
Pero siempre hay unos cuantos pillos que deciden que lo importante es hacer negosucios en torno a las grandes obras nacionales. Me gusta sobremanera la forma en que la presidenta ha reaccionado. Si existiera esa actitud ante todos los problemas, otro gallo nos cantaría, tanto a doña Laura como a todos nosotros.
Heredar un gabinete, o buena parte de él, no es buena seña. Si cada cuatro años cambia el gobierno, que cambie el gobierno. Se entiende que casos excepcionales se mantengan. Don Pepe Figueres mantuvo a Barahona Streber en Hacienda, proveniente de un gobierno no afín, y todo el mundo lo aprobó menos Daniel Oduber.
La Presidenta debe entender que lo que don Oscar Arias buscaba era una Teodora Picado. Dichosamente no la encontró, pero quedan huellas del intento.
Las prolongaciones de gobiernos son perjudiciales. Y no me refiero exclusivamente a la de 1944. Entendamos que la de 1940 también lo fue, pero en base a un disimulo que terminó en fraude en 1944, y en violencia y asesinatos en 1948.
Las candidaturas son una pesadilla. Es una lástima que mi apreciado amigo Johnny Araya se empeñe en que San José pierda el mejor funcionario que ha tenido desde 1932, (salvado el discutible punto de Chinatown que sigue sin tener pies ni cabeza), para perseguir la presidencia de un país en crisis y totalmente ingobernable.
Pero en fin, en Costa Rica nadie ha podido contener dos cosas: La corrupción y los pre-candidatos.

Alberto F. Cañas