Alberto Cañas

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Miércoles 9 Mayo, 2012


CHISPORROTEOS


La renuncia del Ministro de Obras Públicas y Transportes don Francisco Jiménez, a pesar de ser insólita en un país donde los ministros no renuncian aunque estén en desacuerdo con la política presidencial, ha sido un acto digamos de hidalguía por parte suya, ya que es evidente que no había logrado controlar el Ministerio, y que allí ocurrían cosas con las que él no estaba de acuerdo pero no había podido evitar.
Así eran los Ministros en otros tiempos. No estaban amarrados a su posición como si solamente de ella pudiesen depender para subsistir.

No se ha anunciado el nombre de su sucesor. Ojalá sea alguien nuevo, que rejuvenezca por decirlo así la imagen del gobierno, y no don René Castro, que todavía no ha desempeñado el MOPT y es uno de los pocos que le faltan.
Se ha publicado una lista de los cambios en el gabinete de doña Laura en los dos primeros años de su gobierno. Algunos se han asustado. Este columnista no, porque en virtud de lo poco que ha estudiado de nuestra historia sabe que don Cleto González Víquez que es un buen ejemplo, hacía cambios (a veces totales) en su gabinete cuando necesitaba adecuarlo a las corrientes de pensamiento vigentes en algún momento de su administración.
Lo que se necesita es sangre nueva. Lo que se necesita es que cuando algún Ministro o Ministra no esté de acuerdo con determinada disposición presidencial, se vaya para su casa y que su puesto quede en manos de alguien que sí esté de acuerdo con la Presidenta.
Por alguna razón que no alcanzo a dilucidar, en Costa Rica hemos llegado a la conclusión de que los Ministros deberían ser permanentes, tan permanentes que pasen de gobierno a gobierno como inamovibles. Esto le da al Poder Ejecutivo una imagen de ente perezoso o conformista que de ninguna manera debe prevalecer.
En todo caso, hemos visto en fotografía que la carretera Mora se está dañando, y es de esperar que el nuevo Ministro de Obras Públicas acuda con velocidad a arreglar la situación y terminarla.
Es ocioso tratar de sacar conclusiones de alguna índole de la cantidad de cambios que ha habido en el gabinete de doña Laura. Los cambios, como he dicho antes, obedecen a circunstancias y no (como algunos creen) a disgustos o pleitos. Esperemos, pues, la sangre nueva. Es lo mejor que le puede ocurrir a cualquier gobierno.

Alberto F. Cañas