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Jueves, 13 de diciembre de 2018



COLUMNISTAS


CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Miércoles 02 mayo, 2012



CHISPORROTEOS

El último concierto de la Orquesta Sinfónica Nacional desarrolló un programa novedoso y yo diría que casi insólito. Dedicado totalmente a Mozart, con su Requiem como la pieza de resistencia, Incluyó fragmentos de dos óperas del maestro: Don Giovanni y Las Bodas de Fígaro, a cargo de los solistas costarricenses y extranjeros que cantarían el Requiem y que se lucieron como Dios manda. La sorpresa fue agradabilísima dada la calidad de los cantantes y la calidad de la música. Me he quedado dándole vueltas al asunto y no resisto la tentación de proponerles a los directivos de la orquesta algo similar para el año entrante.
Que el Coro Sinfónico Nacional, que tanto se lució esta vez, prepare el coro final de la ópera Fidelio de Beethoven, que es muy poco conocido, y que, o mucho me equivoco o es una especie de anticipo del cuarto movimiento de la Novena Sinfonía. En torno a ese coro podría armarse un programa beethoveniano como el programa de Mozart que escuchamos en estos días.
Este año va bien la orquesta, aunque en mi criterio personalísimo, hay un exceso de música de Prokofiev, compositor que siempre me ha parecido sobreestimado y de menor categoría que otros compatriotas suyos como Shostakovich. Pero esa es una cuestión personalísima y casi que la coloco aquí con la intención de llenar espacio.
La orquesta cada vez suena mejor, y su programación va creciendo en audacia, pues en los últimos meses se ha enfrentado a obras sumamente complicadas, y las ha sacado brillantemente. Y el coro también cada vez suena mejor. Vamos muy bien por ese lado. Lo que hace falta es que los conciertos los trasmita la Radio Nacional, que ofrece muy pocos programas de mérito y se queda casi siempre en el nivel de las radioemisoras comerciales. Lo que ocurre en el Teatro Nacional constantemente, debe llevarse al pueblo dentro de lo posible, sea mediante la Radio Nacional, o del Canal 13, que es una televisora de bla bla bla con muy poco arte y muy poca cultura. Por algo alguien dijo que lo que Sinart necesita es una e final.
Escribo esta columna el 30 de abril. Ignoro y no me imagino qué podrá suceder el 1 de mayo en la Asamblea Legislativa, pero pienso que lo único que los distintos partidos, partiditos y partiduchos ansían en relación con la elección de directorio es asumir el control de la Comisión de Hacendarios, y lo demás le viene flojo a todo el mundo. No crean ustedes que el directorio de la Asamblea es todopoderoso o algopoderoso. El actual reglamento no le permite al Presidente de la Asamblea ni levantar la sesión cuando lo juzgue conveniente (que es derecho que tienen todos los presidentes de poder legislativo del mundo civilizado).
En fin, cuando ustedes lean esto ya habrá un nuevo directorio en la Asamblea, y las cosas seguirán exactamente igual que como han estado, y toda la acción legislativa girará en torno a los minipartidos, y al chantaje que estos se dedican a hacer víctima al partido de gobierno.

Alberto F. Cañas