Alberto Cañas

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Sábado 21 Abril, 2012


CHISPORROTEOS

Conocí a Gerardo Trejos durante la campaña presidencial de 1961, cuando el candidato don Chico Orlich me designó como enlace entre el candidato y la juventud liberacionista. Y dentro del grupo que manejaba el movimiento juvenil (hoy todos ciudadanos de primera magnitud por su talento y seriedad, aunque muchos se hayan apartado del PLN), figuraba un muchacho herediano que respondía al nombre de Gerardo Trejos.
Como con la mayoría de ellos, contraje un sentimiento de amistad con él, ya entonces inquieto, a ratos irresponsable, impredecible siempre, pero con una trayectoria clara por enfrente, diseñada por él mismo, y un deseo de ser alguien y de llegar a ser y hacer algo útil. Cosas ambas que cumplió.

Pero mi amistad profunda con él se produjo cuando ambos fuimos diputados en 1994. Él, por uno de tantos partidos esporádicos que consiguen subcocientes, y este servidor de ustedes por Liberación Nacional, del que habría de retirarme en el 2000.
En esa Asamblea tuve la humorada como Presidente que fui de ella en el 94, de sugerir le dieran la presidencia de una de las comisiones permanentes a ese diputado independiente en cuya inteligencia y probidad confiaba, y Gerardo Trejos desde la comisión de Asuntos Jurídicos, empezó a desplegar una increíble labor, promoviendo debates, impidiendo demagogias, empeñado en no permitir que los diputados perdieran el tiempo. Y por supuesto el directorio que yo presidía y los que siguieron, comenzaron a enviar a Asuntos Jurídicos los asuntos realmente importantes.
Cuando en la segunda legislatura pude formar parte de una comisión (cosa prohibida a quien preside la Asamblea) solicité ir a Jurídicos. Allí palpé la firmeza con que Trejos conducía “su” comisión, y la eficiencia con que allí dirigía debates frecuentemente de fondo, y sacaba adelante los proyectos. En pocas ocasiones durante mi vida parlamentaria, disfruté más.
Tanto fue así, que cuando se creó una comisión especial (en la cuarta legislatura) para reformar positivamente la ley del ICE y fortalecerlo, sugerí que junto a Tony Pacheco, Ottón Solís, el suscrito, y un diputado del PUSC de primera línea como Hernán Fournier, se incorporara a Gerardo Trejos en esa comisión.
Nuevamente dio en ella muestras de su talento, dedicación y patriotismo, pero el gran proyecto de fortalecimiento del ICE que preparamos no pudo votarse porque el entonces candidato presidencial Miguel Angel Rodríguez ordenó a los diputados de su partido romper el quorum en la comisión, porque él tenía un proyecto mejor. La comisión dejó de funcionar y en el 2000, y con Rodríguez en la Presidencia, “su” famoso proyecto, cuyo original por cierto estaba escrito en inglés (y mal traducido a un mal español), tuvo que ser retirado de la Asamblea ante la presión de una muchedumbre. El ICE quedó como estaba. Ni el proyecto de la comisión ni el mal proyecto “de Rodríguez” fueron aprobados.
He resumido la brillante labor parlamentaria de ese gran ciudadano cuya desaparición repentina y auténticamente prematura estamos todos lamentando. Deja una labor legislativa ejemplar, una ejemplar labor como el dueño de quizás la mejor de las editoriales privadas con que contamos, su empeño profesional en que se apruebe la fecundación in vitro, y la célebre, inmortal placa que colocó en su jardín en conmemoración de alguna de las muchas cosas que el presidente Arias inauguró sin que existieran.
Es con profundo dolor que cierro estas líneas. Gerardo Trejos tenía aún mucho que darnos. Estoy seguro de que sus compañeros de juventud, dispersos por el mundo y en distintos partidos lo lamentan con la misma intensidad que yo. Que en paz descanse y que la Patria pueda producir muchos ciudadanos de su calibre que ayuden a sacarla del profundo abismo en que está cayendo.

Alberto F. Cañas