Alberto Cañas

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Sábado 24 Marzo, 2012


CHISPORROTEOS

La publicación del martes 20 de este mes, de una gran cantidad de proyectos interesantes que están financiados y que no arrancan porque una comisión no se reúne o un señor no hace quórum, cosas así, es una demostración del desorden en que vive el Estado costarricense, donde según parece la única entidad que funciona, es la famosísima Sala Cuarta que, lo tengo dicho muchas veces, ha terminado por constituirse en el verdadero gobierno de la República, que por esa razón ha dejado de ser democrática, puesto que el gobierno lo ejercen quienes no han sido elegidos por el pueblo, aunque anden buscando un sobresueldo para consolarlos de la tensión en que viven porque hay gente que los amenaza o les hace mala cara.
El caso es que todo está paralizado. Eso de que para emprender una obra pública, así sea de emergencia, hay que abrir una licitación, adjudicarla y responder a la inmediata apelación, nos convence de que el Estado costarricense ha renunciado a atender las emergencias.
Toda obra pública debe esperar a que se sepa quien es el que se va a beneficiar al emprender la obra (y a cobrar peaje si se trata de una vía).
Decididamente los males van a ser difíciles de atacar cuando llegue un gobierno con ganas de poner el país en orden y de que haya de verdad un gobierno.
Me viene siempre a la memoria el último verdadero gobierno que tuvimos, que fue el de Daniel Oduber, que construyó la carretera Braulio Carrillo sin tener que abrir licitaciones, ni pedirle permiso a nadie ni de otorgar concesión a una empresa que cobraría peajes.
La hizo. Simplemente la hizo. Como actuaban los gobiernos de antaño: simplemente hacían las cosas.
Con esto de los peajes presumo que se debe de haber cumplido una aspiración secreta de algún político: que haya una carretera para los ricos y otra para los pobres.
Mientras tanto, todo sigue haciendo cola.

Alberto F. Cañas
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