Alberto Cañas

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Sábado 10 Marzo, 2012


CHISPORROTEOS

Debo solidarizarme con el brillante y necesario artículo que publicó en este mismo periódico Paul Woodbridge en estos días. Es evidente que la dirección del Museo de Arte Costarricense no tiene la menor idea de lo que es un museo. Copio del Diccionario de la Academia: LUGAR EN QUE SE GUARDAN COLECCIONES DE OBJETOS ARTISTICOS; CIENTIFICOS O DE OTRO TIPO Y EN GENERAL DE VALOR CULTURAL; CONVENIENTEMENTE COLOCADOS PARA QUE SEAN EXAMINADOS.
No se puede confundir un museo, como parece confundirlo la directora del de Arte, con una Sala de Exposiciones donde lo básico es la presentación de la obra de los artistas vivos, que se van sucediendo en el curso del tiempo.
El Ministerio de Cultura tiene una hermosa sala de exposiciones en la Biblioteca Nacional y una, bastante incómoda por cierto, en el café del Teatro Nacional, y podría habilitar otras si le hacen falta.
El costarricense y el extranjero que concurren al Museo de Arte, lo hacen con el propósito de entrar en contacto con lo que ha sido el arte costarricense y conocer lo que hicieron nuestros grandes de antaño; Echandi, Amighetti, Quirós, Luisa González de Sáenz, Manuel de la Cruz, Valverde y tantos otros cuya obra puede ser contemplada y examinada precisamente en el Museo de Arte Costarricense.
Una ex-alumna mía de la Ulatina, viene hace rato empeñada en visitar el Museo de Arte, porque, provinciana, desconoce la obra de nuestros grandes. Pero ha acudido tres veces y no ha podido enterarse.
El acopio del Museo está embodegado, y lo único que hace meses el Museo muestra, es lo que podría verse en cualquier momento en una sala de exposiciones.
Así es, y gracias a Paul Woodbridge por haber dado esa voz de alarma… que espero sea escuchada en el Ministerio de Cultura, donde según entiendo hay una buena cantidad de sordos.
Fue lamentable que el Teatro Nacional clausurara la prestigiosa Sala Enrique Echandi para instalar allí oficinas. Se decía de esa Sala que era como un pasaporte para el Magón o para un Premio Aquileo (ese premio Aquileo que quieren hacer desaparecer en el proyecto que comenté en esta página en diciembre).
Como no faltará un imberbe que salga a menospreciar nuestro arte histórico, convine señalar que Costa Rica ha tenido una pintura propia. En 1971 organizamos, con motivo del sesquicentenario de muestra independencia, una exposición centroamericana de pintura en el edificio de la Biblioteca Nacional, que en esa ocasión se inauguraba, y algún miembro de un jurado latinoamericano, expresó que los pintores costarricenses no estaban pintando como se pintaba en los otros países de la América hispana. Yo me limité a contestarle que los holandeses del siglo XVII no pintaban como se estaba pintando en Florencia, capital del arte en ese entonces, sino a su propia manera.
Y los costarricenses (que no somos analfabetos) estábamos muy contentos con la obra de nuestros artistas, abiertamente nacionalista.

Alberto F. Cañas