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Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 11 febrero, 2012



Chisporroteos

Valdría la pena que la prensa ampliara la breve información que publicó sobre lo que ocurrió en estos días en el Poder Legislativo de Panamá, alrededor de un proyecto de crear allá una Sala Constitucional como la que está gobernando en Costa Rica.
Los diputados armaron un escándalo de padre y muy señor mío, poniendo como ejemplo nuestro país, donde una Sala de esas ha asumido el control total del Estado, suplantando incluso a la Asamblea Legislativa elegida por el pueblo, a la cual le da órdenes y le dice si debe o no aprobar los proyectos de ley que le consultan a la sala.
(Claro está que de esto tienen la culpa los incalificables diputados que cada vez que ven la posibilidad de que se apruebe un proyecto que ellos adversan, le piden a la Sala que se pronuncie sobre la constitucionalidad del proyecto, lo cual la Sala hace pues la ley se lo permite, tan gustosamente como la Asamblea acepta la inconstitucional disposición que permite que un cuerpo extraño, le diga al Poder Legislativo lo que puede y no puede hacer).
Los diputados panameños, según lo poco que aquí se ha publicado, se alzaron contra el proyectito, señalando lo que le ha pasado a Costa Rica, porque pretenden seguir siendo ellos (y luego sus sucesores) el primer poder de la República. Reciban una felicitación de parte de este columnista.
Siempre recuerdo aquella ocasión en que, siendo yo diputado y habiéndose nombrado un Subcontralor General de la República de una manera que a muchos nos pareció sospechosa, la fracción liberacionista de que yo formaba parte tomó la decisión de no juramentarlo mientras no se aclarara la forma extraña en que había sido elegido.
Pues ¿qué les parece a ustedes que la Sala Constitucional envió un recado terminante a la Asamblea ordenándole juramentar al funcionario de marras? Algunos diputados decidimos salirnos del recinto con la intención de romper el quorum corriendo el riesgo de que la Sala nos ordenare hacer quorum, pero no pudimos convencer a suficientes compañeros de partido de que nos acompañaran, de manera que el quorum no se rompió, pero la juramentación sólo contó con la presencia de una parte de la Asamblea. Allí se confirmó mi convicción (que venía de un tiempo atrás por cosas que sucedieron mientras fui Presidente de la Asamblea en el periodo 94-95), de que la Sala Cuarta amenazaba convertirse en gobierno.
Cambio de tema para felicitar a mi buen amigo Berrocal por su artículo sobre la admirable decisión del gobierno, de construir una carretera paralela al río San Juan, que costarriqueñice definitivamente nuestra zona norte, y de esa manera civilizar hasta donde podamos nuestras relaciones con Nicaragua.

Alberto F. Cañas


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