Alberto Cañas

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Miércoles 14 Septiembre, 2011



Al arquitecto Andrés Fernández le ruego comunicarse conmigo en cuanto pueda. Llevo semanas de estar tratando de localizarlo, y los teléfonos suyos que me suministraron en La Nación no los contesta nadie. De paso, lo felicito por su libro.

CHISPORROTEOS

Don Ottón Solís, ciudadano distinguido, que fue excelente ministro y mejor diputado, economista no influido por los librecambistas que están arruinando al mundo, fundador del Partido Acción Ciudadana y candidato a la presidencia de la República por ese partido en las tres últimas elecciones, cuya ilustración, conocimientos y sentido común son conocidos aunque indignen a más de uno, visitó a la Presidenta Chinchilla, en compañía de uno de los principales diputados de su partido, y le hizo saber su conformidad con algunas de las proposiciones que la Presidenta ha hecho o anuncia que hará ante la Asamblea Legislativa.
¡Ni que hubiera propuesto la canonización de Adolfo Hitler! Han salido, precisamente de donde era de temer que salieran, o sea de su propio partido, protestas. Resulta que según algunos que se infiltraron en el PAC, don Ottón tiene que pedirle permiso a alguien de su partido antes de pronunciarse sobre algo. Esto ocurría fuertemente en la Rusia soviética, pero hasta donde yo estoy enterado, en ningún partido democrático de ningún país democrático se critica a uno de los personajes importantes del partido por expresar sus ideas y conversarlas con el Jefe del gobierno del cual su partido es el más fuerte en la oposición.
Si los diputados del PAC no están de acuerdo con las ideas de don Ottón, que se lo hagan saber y se reúnan con él para discutirlas. No creo que las ideas de don Ottón sean en este momento diferentes de las que ha expuesto al país desde el año 2000, ni que haya claudicado de ellas. Lo que ocurre es que en Costa Rica hay gente que cree demasiado en las leyes, y como las leyes no hablan ni tienen por qué hablar del derecho que un ciudadano tiene de opinar aunque haya gente en su partido que piense de otra manera, muchas cosas sencillas se les hacen un lío.
Un partido político no tiene por qué ser una secta. En él se congregan personas de ideas (que no ideologías) similares y pensamiento común, pero en las diferencias de pensamiento reside la riqueza de lo que el partido puede ser si se decide a serlo.
Lo que sucede en Costa Rica y ya debemos hablar claro, es que hay personas o personalidades que se destacan por sí mismas, por lo que piensan, por lo que dicen, por lo que hacen. Y junto a ellas surgen otras que se adhieren a las ideas o a la persona, y así se va constituyendo un partido político. Recuerdo, durante la última campaña, cuando parecía que el PAC tenia opción de triunfar, que en varias oportunidades me reuní con don Ottón a conversar sobre posibilidades de gabinete. Y ambos nos quedamos sorprendidos de ver la cantidad de gente apta para desempeñar con brillo un Ministerio que se había destacado en la fracción legislativa de entonces. Es decir lo que calificaban los abuelos (no los de ustedes: los míos) de “gente que va para arriba”. Pero es gente que va. No de gente que ya llegó.
Y uno ve la rapidez con que por ejemplo en Liberación, llegan y escalan con la velocidad del rayo, y hemos contemplado cada Presidente Ejecutivo, cada Ministro, cada Embajador, que se para el sol a verlos, porque han llegado a ocupar altas posiciones, por la única razón de estar ya colocados en el peldaño inmediatamente inferior. No hay paciencia, ni se aspira a subir por méritos. Se sube porque no aparece nadie mejor o mejor colocado, Espantoso.
No falta alguno que crea que puede dar el salto de síndico a candidato presidencial. Y a fe que ciertos saltos que hemos contemplado en las últimas décadas se han parecido mucho a eso. En todo caso, es perfectamente factible que los diputados del PAC conversen y discutan con don Ottón Solís las ideas que este, en presencia de diputados, expuso a la Presidenta de la Republica. Afortunadamente, en el PAC hay por lo menos, un dirigente que tiene ideas y se las comunica a la Presidenta. En la Costa Rica de hoy eso es mucho, casi una excepción, casi un retorno a mejores tiempos.

Alberto F. Cañas