Alberto Cañas

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Miércoles 7 Septiembre, 2011


CHISPORROTEOS

Mi muy apreciado Carlos Alonso Vargas Dengo ha decidido lanzarse contra las publicaciones que tratan a su lector de tú, por lo cual lo felicito. Pero agrega que el tratamiento costarricense es de vos y en eso no estoy de acuerdo.
Los costarricenses tratamos de vos a nuestros parientes inmediatos (exceptuando en casi todos los casos a los progenitores), a nuestros compañeros de clase, amigos íntimos o de nuestra misma generación, y en general a la gente con quien tenemos confianza. Pero al resto de la gente la tratamos de usted. Porque esa era la forma respetuosa que nos imbuían en el hogar y en la escuela.
Haga un recuento mi buen amigo de la gente con quien él se trata de vos, para incluir que a los demás los trata de usted.
Lo que sucede, es que desde hace algunas décadas en las escuelas públicas se enseña el vos como el tratamiento general costarricense, y ya no se les enseña a los niños a tratar respetuosamente de usted a las personas mayores y en general a aquellas con las que no tienen confianza.
Hasta hace unos diez o quince años, la publicidad comercial trataba de usted a sus clientes potenciales. Es decir, con respeto. Ahora les ha dado por tratarlos de vos. En lo que a mí respecta, establecimiento que me trata de vos aunque sea en un anuncio, pierde mi clientela (que no es seguramente grande pero es clientela).
En España el tú está muchísimo más divulgado y es más frecuente y popular que el usted. No sé en Argentina y Uruguay pero en Costa Rica el vos lo hemos reservado para la gente de mucha confianza. Además de los que he citado, los compañeros de escuela y colegio se tratan de vos.
Así hemos sido, así nos hemos hablado y así deberíamos seguirnos hablando, porque usted es una señal de respeto a la persona con quien no tenemos intimidad ni confianza. Los confianzudos que lo tratan a uno de vos de buenas a primeras, caen mal, como todo confianzudo y abusivo.
El Ministerio de Educación deberá rescatar lo que enseñaba en otros tiempos mejores. A mí, en el Edificio Metálico y en el Liceo de Costa Rica, me ratificaron lo que ya había aprendido en mi casa: a la gente se la trata de usted, y solo cuando hay una gran confianza puede pasarse al vos.
Haga usted, lector o lectora, lo que le he aconsejado a mi amigo Vargas. Cuente el número de personas a quienes usted trata de vos, concluya que al resto la trata de usted.

Alberto F. Cañas
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