Alberto Cañas

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Miércoles 31 Agosto, 2011


CHISPORROTEOS


Cuando uno lee sobre las cosas pendientes y apabullantes que venían ocurriendo en la Caja Costarricense de Seguro Social, termina por hacerse verosímil eso de que su dirigencia toda hubiese estado en la tarea de subir los gastos hasta quebrarla, para que en lo sucesivo los costarricenses pobres sean atendidos en las clínicas privadas que comienzan a abundar, el tamaño de cuyas facturas es imposible calcular a priori.
Cada vez que se investiga algo, se confirma la presunción de que el Estado costarricense no pasa actualmente de ser una colección de platinas, y de que cuando nos demos cuenta, aquí no va a quedar nada en pie… salvo algunos rascacielos privados que nadie sabe donde van a encontrar o de donde van a traer inquilinos que los alquilen o compradores.
Nadie ha dicho todavía cuánto nos va a costar construir las edificaciones que necesita la celebración de unos juegos olímpicos centroamericanos que ninguna importancia tienen, y para ubicar los cuales ya se está hablando de destruir el cementerio Calvo, que es el cementerio de los pobres de San José.
Algo así como el Estadio chino de La Sabana. Cosas absolutamente superficiales pero de buen eco publicitario, que el país no necesita y que luego se va a ver a palitos para medio mantener (hay una ley de 1998 que prohíbe en La Sabana instalaciones a las que se cobre por entrar, salvo las que en ese año existían, y no sé a quién le están dando fondos la cantidad de anuncios que están afeando la mera Sabana frente a la calle 42) mientras en muchos pueblos del país las escuelas se están cayendo, y sufrimos gobernantes que creen que con solo colocar una placa con su nombre en un terreno baldío, las grandes obras se autoconstruirán milagrosamente.
Por otra parte, y si todavía le queda al costarricense un pelo en la cabeza que no se le haya parado, anda por ahí el escándalo de la cantidad de millones que el Partido Libertario ha cobrado por deuda política basándose en gastos que nunca hizo, actividades que nunca realizó y servicios que nunca pagó.
¿Cuántos diputados deberá elegir la oposición, si gana en el 2014, para enderezar el país? Vayamos calculando las gollerías que los legisladores de minipartido y subcociente aspirarían a que les regalaran a cambio de apoyar la recuperación de la Patria. Ustedes sienten el escalofrío, ¿verdad?
Ustedes habrán leído que las carreteras de peaje dejan pérdida. ¡Lo que nos faltaba! Mejor acabar con ellas de una vez.
¿Se imaginan que los problemas judiciales los podría resolver un gobierno restaurador, cuando con solo 20 votos queda un magistrado reelegido?
Lo queramos o no, sólo un gobierno con las facultades omnímodas de don Francisco Aguilar Barquero o de la Junta Fundadora de la Segunda República, puede entrarle de verdad a la cirugía mayor que el país está pidiendo a gritos. Creer lo contrario es como creer que los niños son traídos de París por las cigüeñas.

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