Alberto Cañas

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Sábado 27 Agosto, 2011


CHISPORROTEOS


Ayer concurrí a una interesantísima y cordial ceremonia con la que la Universidad de Costa Rica celebró el aniversario 71 de la fecha en que entró en vigencia la ley que la estableció, el número 70 de su primer curso lectivo. Me tocaba hablar allí en representación de los graduados del primer quinquenio universitario.
Fue una ceremonia hermosa, emocionante para quienes éramos universitarios cuando la Universidad se abrió. Pero al mismo tiempo sobrecogedora, cuando me di cuenta de que de mi grupo de estudiantes de derecho de entonces, los que hicimos el sexto año en 1943, solamente tres quedamos.
Bien. Lo importante es lo que la Universidad de Costa Rica fue entonces, y que la Universidad de Costa Rica sigue siendo el más importante centro educacional del país, al que tantas cosas se le deben, y del que tanta cosa cabe todavía esperar.
Como asistí para hablar en nombre de los estudiantes de entonces, mis palabras versaron sobre lo que fuimos, lo que los estudiantes de entonces significaron para la vida del país, sobre todo cuando terminamos convertidos en lo que luego se llamó “la generación del 48” o sea la generación a la que le tocó transformar a Costa Rica, emprendió la tarea y la cumplió, hasta construir una Patria que fue orgullo y ejemplo de América… hasta que los neo-liberales se apoderaron de los dos partidos políticos más importantes y comenzaron la tarea de destruir lo que nuestra generación capitaneada por Rodrigo Facio y seguidora de José Figueres logró construir.
Se comprende que en estos momentos, cuando tanta falta hace una generación juvenil que tome la pelea en sus manos, es difícil conseguir que emprenda lo que emprendió la nuestra. Somos demasiados, los centros universitarios son muchísimos, es difícil convocarla. Pero si tiene comunidad de ideas y de propósitos, terminará por compactarse a pesar de la geografía. Y es, lo dije ayer y lo repetiré mientras viva, la única oportunidad que nos queda de seguir siendo Costa Rica, de seguir siendo una Patria, de seguir hablando español y no inglés, y de ser dueños de nuestro territorio (hay ya una buena porción de playas en Guanacaste a las que los guanacastecos tienen prohibido el acceso). Las amenazas en la década del 40 fueron puramente internas. Las amenazas actuales son manifiestamente externas, pero tienen servidores agachados entre los ticos.
Me aterroriza pensar qué podrá suceder cuando en Costa Rica sea extranjero todo lo importante, como terminó por ocurrir en Cuba y preparó el terreno para una dictadura comunista que se impuso dando razones patrióticas, pues los cubanos estaban hartos de las dictaduras militares que estaban al servicio de los extranjeros y de los gangsters. La dictadura comunista ha celebrado sus bodas de oro, y es la más larga que ha conocido América.
Claro está, no todo lo que he escrito lo dije en la Universidad. Son consecuencias de lo que medité después de la ceremonia, pero completo así mi mensaje. Escuchen los jóvenes: el mundo no tiene por qué ser ancho y ajeno.

Alberto F. Cañas
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