Alberto Cañas

Enviar
Sábado 20 Agosto, 2011


CHISPORROTEOS

Una de las pruebas más elocuentes de la degeneración en que ha venido cayendo el Estado costarricense, es el disparate de ese diputado limonense que, por cuanto la Asamblea decidió no ir a sesionar a Limón donde nada importante iba a hacer ni podía hacer, logró sabotear una ley necesaria y atrasarla un buen rato.
No me explico qué puede ganar Limón con diputados de semejante calibre, porque una sesión legislativa allí no iba a resolver nada ni pasaría de ser un espectáculo regularcito. Es posible que el diputado de marras (y de merras, mirras, morras y murras), creyera que aunque en una sesión allí nada podría aprobarse porque nada tiene pendiente la Asamblea de trascendencia para Limón, la fiesta que habría en la noche sería un triunfo personal suyo que le favorecería una eventual reelección en el 2018 para volver a la Asamblea a proponer iniciativas como la que le rechazaron en estos días.
¡Ay, qué tiempos aquellos en que el diputado limonense se llamaba Luis Demóstenes Bermúdez!
La inexplicable y poco defendible tradición de que la Asamblea sesione el 25 de julio en Guanacaste, se origina en que esa es la fecha en que el Partido de Nicoya (o sea la península) decidió plebiscitariamente ser parte de Costa Rica. Ninguna de las otras seis provincias tiene una fecha así, y no es cuestión de que la Asamblea Legislativa ande como un circo ambulante, de provincia en provincia.
Desde 1940 Limón viene con problemas. No toda la provincia, pero buena parte de ella: la parte tradicionalmente bananera. Al ausentarse Mamita Yunai de ella, y dejarla en el estado en que está, demostró, para cualquiera que tuviera, no dos ojos, con uno habría bastado, lo poco constructivas que son esas empresas extranjeras que vienen aquí, no a desarrollar, como dicen sus propagandistas muchos de ellos gratuitos, sino a lucrar y nada más.
JAPDEVA fue fundada (lo recuerdo porque estuve entre los diputados que aprobaron ese proyecto de Carlos Espinach) para ocuparse de ayudar y desarrollar (las dos últimas letras de la sigla lo dicen), la vertiente atlántica. La vertiente atlántica no es Limón: comienza en Ochomogo y de allí hacia el este. Pero la verdad es que jamás se ha ocupado ni preocupado de otras regiones de la vertiente atlántica, y se ha convertido en un símbolo nacional, no, como pretenden algunos, de los abusos de los sindicatos, sino de la alcahuetería inmoral de los personeros nombrados por el gobierno, que conceden todo lo que el sindicato les pide.
Porque, siendo este país lo que es desde hace unas pocas décadas, el personero patronal le dice que sí a todo y la prensa no se da cuenta de ello y la emprende contra los trabajadores y su sindicato, olvidándose de un viejo adagio no sé si castellano o tico, que afirma que pedir no es pecado. Ahora bien, conceder sí puede serlo. Sobre todo cuando se hace por pura politiquería.
Los problemas de Limón son serios, pero está engañado el arismo si cree que entregando el puerto a intereses extranjeros se arregla otra cosa que los dividendos exportables de esos intereses. Tengamos un poco de vergüenza nacionalista, y salgamos de ese ridículo que nos ha llevado a que nuestras universidades públicas anuncien cursos de inglés, idioma que al menos cuando yo era estudiante, se aprendía en secundaria. Y no era ni es una profesión.

Alberto F. Cañas