Alberto Cañas

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Sábado 6 Agosto, 2011


Chisporroteos


Hace días vengo dándole vueltas a un problema que va a enfrentar el país si, como espero y deseo, la oposición gana las elecciones presidenciales de 2014.
Y es que el gobierno que deseamos se va a ver amarrado por una cantidad de leyes estúpidas, perversas o ambas cosas que le harán la vida imposible mientras no se consiga su desaparición.
Pongo por ejemplo, la ley que creó las presidencias ejecutivas de nombramiento del gobierno en las hasta entonces instituciones autónomas, la ley orgánica del Poder Ejecutivo o como se llame, que Daniel Oduber hizo aprobar por la Asamblea al final de su gobierno con el propósito de hacerle la vida imposible a su sucesor Rodrigo Carazo. Hay muchas otras.
Las dos veces que el país salió de un período de desorden, fraude, corrupción y dictadura o semi-dictadura, sea en 1919 y 1948, el que vino fue un gobierno de facto que, sin amarres constitucionales, pudo legislar, durante ocho meses el gobierno de Aguilar Barquero y durante dieciocho la Junta Fundadora de la Segunda República.
Concretamente el gobierno del 48 aprovechó sus dieciocho meses para crear instituciones, introducir medidas revolucionarias, y sentar las bases de la Costa Rica que sirvió de ejemplo al mundo hasta que se la llevó la trampa en 1978.
Hace cien años existía una disposición que sería hoy muy útil: el Congreso sesionaba seis meses al año, no se conocían las sesiones extraordinarias y mientras estaba en receso, el Poder Ejecutivo estaba facultado para legislar por decreto, con la advertencia de que las leyes que dictara debían ser ratificadas por el Legislativo cuando volviera a sesionar. En esa forma, don Alfredo González fundó el que es hoy Banco Nacional de Costa Rica, por decreto ejecutivo. Después de la crisis, no sé si durante la administración de don Julio Acosta o en la segunda de don Ricardo Jiménez, esta disposición se derogó, y se crearon las sesiones extraordinarias que hoy conocemos…
El gobierno de 2014, si queda en manos de la actual oposición va enfrentar la tarea ardua de estar regido por leyes inoperantes, leyes tontas y leyes perversas. Y ya deberíamos estar todos pensando cómo se las va a arreglar para sacar el país del hueco y echarlo hacia delante, si la Constitución y las leyes, tal como están, se lo van a impedir por todos los medios imaginables (la Sala Cuarta entre ellos).

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