Alberto Cañas

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Miércoles 3 Agosto, 2011


CHISPORROTEOS


Algunos de los que en la década de 1950 estuvimos enfrentados con alma, vida y corazón al endiablado político que fue don Mario Echandi, aunque (y esto hay que subrayarlo), sin destruir en mi caso los lazos de amistad personal que nos unían de antes, hemos venido meditando, desde que ya no pudimos tener contacto con él, en lo que de verdad y sin que nadie, ni él mismo hiciera alarde de ello, significó para Costa Rica su paso por la Presidencia de la República.
En medio de aquella andanada de vetos que interpuso a leyes que la mayoría parlamentaria opositora hacía aprobar, hubo dentro de la curiosidad o novedad de un gobierno con minoría, algunas leyes importantes que el gobierno y los diputados de oposición lograron aprobar de mutuo acuerdo. Cito, de memoria, la creación del Instituto de Acueductos y Alcantarillados, la colocación del problema de los teléfonos en manos del ICE, la ley de Aguinaldos y la creación de la Editorial Costa Rica (que costó más dada la oposición abierta que a ella hacían el Ministro de Gobernación y el periódico La Nación en curiosos editoriales).
Pero hay otra empresa de la administración Echandi que debe ser recordada, y fue el haber iniciado (gracias a su Ministro de Trabajo don Franklin Solórzano) la universalización del Seguro Social, completada por el gobierno siguiente de don Francisco Orlich.
Fueron años agitados pero años positivos. Por primera vez, un gobierno tenía que lidiar con un Poder Legislativo dominado por la oposición, y el país salió adelante. Y ello hay que atribuirlo al propio presidente y al jefe de la oposición en la Asamblea, don Daniel Oduber.
Lo que en este momento en que lamentamos su fallecimiento me interesa más destacar, es algo que en su oportunidad fue casi imperceptible, porque no hubo alarde ni publicidad de ello, es la pacificación del país después de los difíciles años 1943-1955. El Presidente Echandi se empeñó en que los partidarios del régimen de los ocho años, que seguían auto-exiliados, regresaran a Costa Rica en paz, y todos los partidos políticos terminaron por comprender, aunque no inmediatamente, que en una nueva era, los que en el 48 se enfrentaron en el campo de batalla, podían seguir enfrentados (o colaborando) en la paz de un sistema democrático libre y limpio. La posterior reconciliación de Echandi y Figueres, muchos años después, fue la culminación de ese proceso.
En todo esto, lo que más vivamente pudo percibirse fue la magnífica habilidad política del presidente Echandi y la comprensión de los líderes liberacionistas, que presenciaron el proceso de reconciliación en silencio, y lógicamente esperaron un rato más antes de hacerse valer dentro de esa reconciliación.
Fueron años difíciles, pero fueron años hermosos. El cambio de partido de gobierno en todas las elecciones a partir de la que llevó a Echandi al poder, fue una muestra de madurez política, y muestra mayor de ella fue que a pesar de los cambios de partido en el gobierno, Costa Rica siguió adelante con la línea social demócrata implantada en el 48, y que, pese a los empeños de algunos en destruirla afirmando que está liquidada, sigue dando frutos democráticos y de progreso en los países escandinavos, en Israel y en buen parte de la Europa que se libró del colonialismo soviético. Dentro de esa línea de avance social con respeto a las libertades, las figuras de los presidentes Echandi y Trejos se dibujan con claridad.
Bien, este adversario político pero buen amigo suyo, despide a Mario Echandi con gratitud. Político y ciudadano de absoluta honradez personal, recto en su conducta, que nunca claudicó, y para quien sus adversarios políticos éramos adversarios, no enemigos personales. Que descanse en paz.

Alberto F. Cañas
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