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Lunes, 12 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


CHISPORROTEOS

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 16 julio, 2011



CHISPORROTEOS


Sigo con mis comentarios al cuadragésimo aniversario del Ministerio de Cultura. A mi despacho en el periódico Excelsior, me llegaban mensajes y recados de que dos meritísimas damas de ideología marxista estaban influyendo más de la cuenta en la escogencia de repertorio para la Compañía Nacional de Teatro. No me pareció que eso fuese cierto hasta que cuando Guido Sáenz se encargó del Ministerio probablemente la Compañía tenía hecha su programación.
Lo cierto es que llegó al periódico un boletín del Ministerio de Cultura de que la temporada de 1978 se iniciaría con la comedia Una Carta Perdida, del dramaturgo Ion Luca Caragiale.
Nadie sabía quien era Ion Luca Caragiale ni conocía la comedia. Pero yo sí: en vísperas de la elección presidencial de febrero la Compañía Nacional de Teatro presentaría una tremebunda sátira rumana contra la democracia liberal que en Costa Rica practicamos, que se había convertido en una de las niñas bonitas de la sovietizada Europa Oriental.
Se lo avisé a Guido, y le hice llegar el texto de la pieza, por otra parte bastante mediocre, y la producción fue cancelada. No se trató de censura; si los camaradas querían ponerla, que la montaran ellos. Pero no había por qué gastar fondos públicos en semejante propaganda contra la democracia.
Casi al terminar la administración Oduber, el Colegio de Licenciados, pretendió que por ley se exigiera que el Director de Artes y Letras fuese miembro de ese colegio. Indignado, Guido Sáenz prefirió cerrarla, y transformarla por ley en Museo de Arte Costarricense, lo que consiguió fácilmente. Pero se le olvidó algo: La Dirección de Artes y Letras era la caja chica del Ministerio y la que permitía hacer gastos rápidos, y la ley del Museo no le encargó seguir ejerciendo funciones de la Dirección. El Ministerio de Cultura se quedó sin caja chica.
Han pasado 33 años, y a ningún Ministro se le ha ocurrido que necesita una caja chica. Cuando fui diputado en 1994, sugerí al Ministro de entonces, don Arnoldo Mora, que enviara un proyecto de ley en el sentido de que el Museo asumiera todas las funciones de la fenecida Dirección de Artes y Letras, y de paso, provisionalmente, le redacté un decreto que decía lo mismo, y en un presupuesto extraordinario hice incluir una partida para el Museo con ese destino, previo entendimiento con la gente del Museo. Luego me enteré de que el Ministerio había gastado la partida en pasajes de avión. Y hasta ahí llegué. Pero estos recuerdos no han terminado.

Alberto F. Cañas
[email protected]