Alberto Cañas

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Miércoles 13 Julio, 2011


Chisporroteos


Otra cosa que organizó el Ministerio de Cultura 1971-1974, fue lo que llamamos Certamen del Paisaje Rural, idea luminosa que surgió en la Dirección de Artes y Letras que regentaban Antonio Yglesias e Inés Trejos de Montero. Consistía en convocar a los artistas (profesionales, aficionados, estudiantes, todos los que quisieran) a un día domingo en determinada cabecera de cantón (el Ministerio proporcionaba el transporte), a pintar por las calles y caminos. Un jurado serio otorgaba a mediodía un premio a la mejor obra. Como la municipalidad respectiva era parte del asunto adquiría la obra premiada, y ofrecía un almuerzo a los artistas. Llegaba buena cantidad de público, que les compraba a los artistas su obra. En estos certámenes se dieron a conocer pintores que hoy son importantes, como Fabio Herrera. En algún momento a partir de mayo del 74, desaparecieron.
Me olvidaba de citar realizaciones de la cartera de Juventud. Los muchachos del Movimiento Nacional de Juventudes pavimentaron algunas calles en La Fortuna de San Carlos, construyeron alrededor de quince canchas de basketbol en colegios rurales, y participaron activamente en los trabajos de rescate de la población precolombina de Guayabo al norte de Turrialba. No sé si después de mayo del 74 se haya realizado alguna pequeña tarea juvenil.
Además, en cooperación con la Dirección General de Deportes, y cumpliendo mi intención de revivir los Juegos Olímpicos Estudiantiles que el Ministerio de Educación organizó en 1933 y 1934, organizamos dos pequeños Juegos regionales: el primero en Palmares con participación de colegiales de San Ramón y Naranjo pero no de Valverde Vega, el director de cuyo colegio prohibió a sus estudiantes participar en actividades de “ese ministerio de marijuanos”, logrando así un ascenso el año siguiente. Y el segundo (con mayor éxito) en Cañas, con participación de colegiales de Liberia y Bagaces. Debo ahora dejar constancia de la estupenda forma en que mi impagable amigo López Trigo condujo como Director General de Juventud, la importante labor de esa cartera.
Una cosa me extrañaba, y era la indiferencia con que Guido Sáenz parecía ver la destrucción de una obra de que él había sido co-responsable y co-autor, pero advierto que esa extrañeza no afectó mi sentimiento de amistad hacia él. Sobre todo porque sí salvó algo, y fue La Sabana. Uno de mis últimos actos, fue presentarle a la Dirección General de Deportes, el proyecto oficial del Ministerio para La Sabana, contenido en un plano elaborado por arquitectos del INVU, y que era, detalle más detalle menos, lo que en La Sabana se hizo. Ese fue mi último acto de Ministro. Cual no sería mi sorpresa, cuando la señora Naranjo declaró públicamente que acogía y oficializaba el deseo de los cronistas deportivos, de convertir La Sabana en un cuadriculado de canchas de futbol: Dichosamente, cuando al salir ella Guido fue nombrado Ministro, rescató el proyecto original, y como obtuvo del Presidente Oduber para realizarlo, los fondos que yo no pude obtener del Presidente Figueres, dejó La Sabana convertida en el gran parque popular que hoy es, en el cual, por si acaso, hay una ley de 1998 que prohíbe construir instalaciones que tengan tapia o cerca alrededor o a las que se cobre por entrar. Un salacuartazo como aquel que reformó la Constitución para que Arias volviera a ser candidato, declaró que el estadio de los chinos no era una construcción nueva sino la reposición de una existente y que por lo tanto la ley no se aplicaría a ella. Se olvidó la sala de que cuando la ley prohíbe una cosa, es porque no quiere que esa cosa exista, aunque no haya ordenado que se destruya lo que ya hay. Hay que ver la maravilla de sabios en derecho y en complacer deseos de políticos amigos que se han colado en esa bienaventurada sala… aunque alguno le salga güero a alguien. Y continuaré, esperando concluir en la próxima.

Alberto F. Cañas