Alberto Cañas

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Sábado 18 Junio, 2011


CHISPORROTEOS


Ya lo estoy viendo venir. Lo diviso en lontananza. Y ya me he puesto a adivinar a cuál Ministro bilingüe le tocará tomar la decisión. Porque cuando se plantee, no lo parará nadie. Que la toman, la toman. Ya lo verán ustedes.
Resulta que las empresas extranjeras con hambre que están cayendo por aquí con ansias de apoderarse del mercado de los teléfonos celulares, comienzan a decir que las tarifas costarricenses no les permitirán actuar con eficiencia ni obtener las ganancias que necesitan.
Habría que empezar ya a decir que las tarifas costarricenses de celulares y de casi todo están calculadas para que los costarricenses que no pertenecen a la alta clase político-empresarial puedan pagarlas. Para que las puedan pagar los habitantes de nuestros cantones y distritos tanto urbanos como rurales. Para que puedan pagarlas nuestros campesinos, que ya usan zapatos. Porque es para esa gente que en Costa Rica se gobernó desde 1948 hasta, digamos, 1986.
Y el país tiene derecho a esperar que los inversionistas extranjeros que aquí lleguen conozcan nuestro sistema y las posibilidades de ganancia que ofrece un país que ha tenido la fisonomía del nuestro, y cuya política ha obtenido apoyo popular y ha desarrollado el país de una manera que podríamos llamar esférica, es decir sin aristas.
Pero ya verán ustedes las cosas que se van a publicar en los periódicos en el sentido de que, antes que en los bolsillos de los ciudadanos comunes y corrientes, debemos pensar en los dividendos de aquellos a quienes apreciamos como huéspedes pero no queremos como condueños.
Un país donde se están cayendo los puentes y el Gobierno instala uno exclusivamente para las vacas de un vecino, es un país de película. Y en un país de película pueden suceder todos los culebrones que ustedes quieran imaginar.
Este que yo he imaginado tiene (a diferencia de los programas de gobierno de administraciones recientes) buenas probabilidades de cumplirse.

Alberto F. Cañas
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