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Miércoles, 21 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 14 mayo, 2011



Chisporroteos


Hace más de un mes, el respetable filólogo don Fernando Diez Losada publicó un interesante artículo que me propuse comentar. Pero se vino la semana santa, me ausenté unos días del país y al regresar no lo encontré entre mis numerosísimos papeles. Finalmente me propuse recuperarlo, lo recuperé pues actualmente eso es fácil, y como no puede perder actualidad, lo comento hoy.
Se refiere a la palabra inglesa iceberg, de origen holandés. Sostiene mi amigo, que no nos era necesaria porque en castellano tenemos témpano aunque el sentido de ambas no sea idéntico, pero a pesar de ello la hemos importado y adoptado. Lo que Diez Losada plantea es si debemos pronunciarla como se escribe, iceberg, o escribirla como se pronuncia, aisberg.
Independientemente de lo que en última instancia resuelvan sobre el caso las academias de la lengua, recurro a lo más elemental: el idioma nace oral, no escrito. El ser humano habló primero y decidió escribir cuando consideró que lo que hablaba valía la pena conservarlo.
Así, las palabras que el castellano fue importando de otros idiomas, mantuvieron su pronunciación y adecuaron su escritura a las reglas de nuestro idioma. La excepción que conozco es jardín, que reproduce la ortografía francesa, pero que en francés se pronuncia yardán. Si la hubiésemos pronunciado así, nos entenderían, como nos entienden a los ticos cuando decimos y escribimos carriel (del inglés carry all), tiquete, cabús, crique y tantas otras que nos trajo la construcción del ferrocarril al Atlántico por extranjeros. (Por cierto que he lamentado la desaparición de entiful, con la que nuestros mecánicos distinguían el sitio donde una aguja marcaba en los automóviles si el tanque de la gasolina estaba vacío, o lleno (empty-full)
Esa tradición es la que me induce a creer que la palabra de que se ocupó don Fernando debemos pronunciarla aisberg, como la pronuncian en todo el mundo, y escribirla de la misma manera, para no ofender el genio de nuestra lengua. Sé que el caso de jardín no es único, pero estimo más práctico basarnos en el lenguaje hablado (que es inconfundible) que en el escrito. Al fin y al cabo, es evidente e indiscutible que nos comunicamos más hablando que escribiendo.
La integración de las comisiones legislativas hecha por el directorio, explica a las claras para qué sirve dominarlo, y que tal cosa no tiene que ver con programas de gobierno ni con propósitos conjuntos de los distintos partidos, sino el hecho de que entre gobierno y oposición, el grupo mayor debe dirigir el Poder Legislativo. Claro que el PLN ha hecho concesiones y regalos muy raros en un afán de comprar votos en el pasado, pero eso es parte de la desmoralización (más bien inmoralización) que han sufrido en las últimas décadas nuestros poderes públicos, y ojalá lo sucedido el 1 de mayo sea el anuncio de que iniciamos el camino de la recuperación (moral y política).

Alberto Cañas
[email protected]