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Sábado, 17 de noviembre de 2018



COLUMNISTAS


Chisporroteos

Alberto Cañas [email protected] | Sábado 07 mayo, 2011



Chisporroteos

Por allí me entero de que al mamotreto chino de La Sabana lo llaman el Estadio Nacional. Gracias al viejo amigo que me lo contó.
Es conveniente que se sepa que don Armando Vargas ha preparado un libro que recoge todo lo que se escribió, dijo y publicó en torno a la declaratoria de don Juanito Mora como héroe y libertador de Costa Rica. Lo publicará la editorial de la UNED, y no hay duda de que los costarricenses lo atesoraremos.
El fallecimiento de Ernesto Sábato (un día antes de cumplir 100 años) enluta a las letras hispanas. Fue de los grandes en Argentina y fuera de ella, a partir de la publicación de su novela El Túnel. Pero a pesar de la notable calidad de su obra literaria, se le habrá de recordar, principalmente, por el informe, firmado por una comisión que él presidió pero evidentemente obra principalmente suya titulado Nunca más, sobre las depredaciones y crímenes de la antropófaga dictadura militar que se instauró en Argentina en 1976 y que cometió la más increíble cantidad y calidad de crímenes (compitiendo con las de Hitler y Stalin) que dictadura alguna cometiera durante el siglo XX. En 1984, España le otorgó el premio Cervantes, el galardón literario más prestigioso del mundo hispánico.
Ha causado mucha hilaridad la brutal ignorancia del diputado que le atribuyó a nuestra gran escritora Eunice Odio, la novela La ruta de su evasión obra de otra gran costarricense, Yolanda Oreamuno. Lo cierto de todo es que el hermoso título de esa novela debería servirle de guía al diputado de marras que, francamente, lo mejor que podría hacer (para bien de la Patria), es evadirse de la Asamblea Legislativa por la ruta más rápida y regresar a la actividad privada (a la que muy pocos del PLN regresan) donde ojalá deje de ser un ciempiés.
Ciempiés: insecto que tiene la mayor capacidad que se conoce para meter la pata.
Aunque ya hablé de esto durante el mes de abril, me parece conveniente reiterarlo ahora y sugerirle al nuevo directorio de la Asamblea Legislativa que se proponga la derogatoria del actual y entraboso reglamento que la rige, y el regreso, con las modificaciones que ahora sean necesarias, al magnífico reglamento de 1962 que rigió hasta 1994 con estupendos resultados.

Alberto F. Cañas
[email protected]