Alberto Cañas

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Sábado 26 Febrero, 2011


CHISPORROTEOS


Al Ministro de Turismo le recargan la cartera de Deportes. Sigue nuestra presidenta convencida de que la gente que la rodea sirve para cualquier cosa, para lo que se ponga a tiro.
Desde que puso a René Castro a escoger Ministerio, arriesgando que eligiera Salud, la cosa anda así. Al actual Presidente del ICE, que está allí después de ser Ministro de Educación y luego Presidente de la Caja de Seguro Social, es muy probable que en cualquier momento lo nombre director de la Orquesta Sinfónica o entrenador de la selección nacional de futbol, lo que quede vacante antes.
Una cosa que la prensa debería hacer, en otros países lo hace y aquí se hacía antiguamente, es, cuando se nombra un alto funcionario, decir quien es, de quien se trata, cuales son sus antecedentes y cuales sus méritos. Hay miembros del gabinete que desde mayo estoy preguntando quienes son o eran, sin encontrar respuesta. La prensa me ha fallado miserablemente.
Lo curioso de todo eso es que de pronto cualquiera de esos desconocidos, anónimos o perencejos anuncia su intención de postularse para la Presidencia de la República, y se queda lo más fresco esperando el maravilloso caudal de votos que lo va a elevar sin preguntarle ni preguntarse nada.
Es cierto que en la Costa Rica de antaño todo el mundo se conocía, y que la Costa Rica de hoy está más poblada. Pues mayor motivo para que los medios de comunicación informen sobre la vida (lo de los milagros lo quedo debiendo) del nuevo alto funcionario que aparece, para que sepamos a qué atenernos.
Todos recordamos el papelón que hizo una hoy ex ministra, cuando no pudo explicar ni las fronteras de Costa Rica. Y ha circulado la bola (ojalá sea bola) de que en el gabinete ocupa asiento alguien que no habla (tal vez sea que no le gusta hablar) español, y prefiere hacerlo, naturalmente, en inglés. Es probable que viva en Escazú, porque no hay nada que vista más que residir en los alrededores ustedes saben de cuál embajada.
¿Y esto va a seguir?, se preguntará usted, lector, rascándose la cabeza. Le contesto: Contemple sus manos, con los dedos extendidos. Contemple detenidamente su pulgar derecho. Pues del uso que usted le dé a ese pulgar derecho, depende que esto siga o que esto cambie. Escoja usted, matarilerilerón.

Alberto F. Cañas
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