Alberto Cañas

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Miércoles 26 Mayo, 2010


CHISPORROTEOS

Una de la situaciones más ridículas que se han visto en este país desde que este país decidió lanzarse por el camino del ridículo, es lo que ha sucedido con el ex canciller Bruno Stagno y el embajador de Costa Rica en las Naciones Unidas don Jorge Urbina.
La administración Arias, que evidentemente no tenía muchas ganas de que se le acabara el período, decidió dejar nombrado a su Ministro de Relaciones Exteriores en un alto cargo diplomático, no fuera verse obligado a volver a su actividad privada. Y el cargo que a él le gustó es el de las Naciones Unidas, que devenga un salario de 18.000 dólares mensuales, lo cual indudablemente pondrá a la diputada Martín a protestar que gane más que el Ministro, y a proponer para don René Castro un salario superior al de su subalterno. ¡No afloje, don René!
Y al embajador Urbina se le adjudicó (siempre mientras la administración Arias estaba en las últimas) la embajada en Holanda. Pero no se le podía nombrar allí mientras Holanda no lo aceptara. Y como el señor Stagno estaba precisadísimo, crearon para Urbina una embajada en un país que dejó de existir hace 180 años, y lo nombraron allí. Exponiendo al señor Urbina y a Costa Rica misma a un ridículo internacional de sabrosas proporciones
La pregunta que cualquier hijo de vecino medianamente sensato se hace, es la siguiente: si al señor Stagno le urgía seguir devengando salario, y además se estaba nombrando a sí mismo, ¿por qué no se nombró a sí mismo en el país inexistente mientras a don Jorge Urbina lo aceptaba Holanda? ¿Por qué exponer al embajador Urbina al ridículo? Era cuestión de esperarse unos días a que Holanda lo aceptara, y todos contentos, sin que hubiera que pagarle prestaciones a nadie. Y que el señor Stagno agregara, al ridículo que hizo creando una embajada en un país inexistente, otro más; el de autonombrarse en esa embajada. Y todos contentos.
Sobre todo, porque el excanciller Stagno ya tiene el enorme méritoque le reconocerá la historia de haber sido el Ministro de Relaciones Exteriores de Costa Rica que cerró dos embajadas en países sudamericanos (Bolivia y Paraguay), para abrirlas en algún dictatorial emirato árabe con el que no tenemos ninguna clase de relaciones reales, y en un país inexistente
¡Qué diablos! Si a mí me propusieran ser embajador ante un gobierno que ya no existe, solicitaría que me nombraran embajador en el Sacro Imperio Romano, que por lo menos tenía altísima categoría y muchísimo poder, como la gran potencia que fue. Cuando se van a hacer las cosas, se hacen bien. Cuando se va a hacer una torta, se hace una torta gorda. Pero no hay duda de que el canciller Stagno (que terminó siendo, como dice Memo Villegas en nuestro programa Así es la Cosa, el canciller de estaño), se quedó corto. Perdió la oportunidad de incluir en su curriculum la circunstancia de haber sido Embajador de Costa Rica ante el Sacro Imperio Romano. Bueno, que ni don Oscar Arias diciéndole al Papa lo que tiene que hacer!
Me pareció muy bien que el exministro de Hacienda y diputado don Guillermo Zúñiga, se retirara del grupo que pretende legislar en beneficio propio. Pero eso de que se reservara sus razones y no las expusiera en el plenario como se hace en las democracias de verdad, es inaceptable.
En fin, me parece que al que le deberían aumentar el salario, pero solo a él, es a ese diputado que necesita ropita porque no la tiene y se ve obligado a viajar desnudo en los automóviles de lujo que posee. Manejar desnudo es muy mal visto, y francamente impropio de un padre de la Patria. ¿Se imaginan ustedes a la Patria diciéndole Papá a un viejo chingo?

Alberto F. Cañas
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