Alberto Cañas

Enviar
Miércoles 30 Septiembre, 2009


CHISPORROTEOS


No sé si alguno de mis lectores (conste que yo no) se habrá puesto a contar cuántos ciudadanos, en los últimos veinte o treinta años, se han postulado como candidatos a la Presidencia de la República a sabiendas de que no tienen ni la más remota posibilidad de ser elegidos. Presumo que lo hacen para tener derecho de incluir en su curriculum vitae personal, que fueron candidatos a la Presidencia de la República, cosa que en los países que se toman en serio a sí mismos es cosa importante, aunque aquí no lo sea en lo más mínimo porque todo el mundo sabe lo fácil que es postularse.

Pero he pensado que ese derecho a incluir en su hoja de vida la circunstancia de haber sido candidato a la Presidencia de la República, algún dinerillo les cuesta a los que se auto-lanzan, y no me parece justo que haya que pagar por una cosa tan sencilla. De allí que, entre los muchos proyectos de ley que constantemente se me ocurren, se me haya ocurrido uno que con toda seguridad va a tener general aceptación.

Y consiste en una ley, que autorice a todo ciudadano mayor de treinta años y del estado seglar, a consignar en su curriculum vitae que ha sido candidato a la Presidencia de la República, previa comunicación al Tribunal Supremo de Elecciones en la que demuestre que reúne los requisitos que pide el artículo 131 de la Constitución. Así quedará todo el mundo contento y todo el mundo satisfecho, y mucha gente se economizará esfuerzos, dinero y obstáculos. Estoy seguro de que esta ley sería aprobada por unanimidad…. Y hasta por dos nimidades, que todo puede ocurrir.

Mi antigua experiencia en las Naciones Unidas me permite recordar que cuando se reúne la Asamblea General la tercera semana de septiembre, y se abre un debate general, los delegados principales de cada país escuchan aquellos discursos que los interesan, y para los que no les interesan dejan en el salón a funcionarios de segunda fila de su misión, y se salen del recinto. (Antes lo hacían a fumar, ahora no lo sé.) Son muchas las tonterías que allí se profieren y muchos los gobernantes, los diplomáticos y hasta los países que no interesan, que llegan allí a decir cosas que sólo a ellos les importan.

Por supuesto, si llega el Jefe de Estado de un país importante, o que tiene un problema pendiente en la ONU, todo el mundo se apresta a escuchar lo que vino a decir. Pero entre los ya casi doscientos países que conforman el organismo, no son muchos los que tienen algo que decir que interese a los demás o a la prensa de otro país que el suyo. Claro, que si aparece por allí el Presidente de los Estados Unidos, de Francia o de Brasil, el primer Ministro del Reino Unido, de Rusia, de China o alguno otro de ese peso específico, nadie se pierde la oportunidad de escucharlo. Pero a los demás les ocurre lo que le acaba de ocurrir al Presidente de Irán con la delegación de Costa Rica, que se negó a escucharle sus disparates y diatribas anti-semitas. Sobre todo, si les da por llegar a la Asamblea todos los años. Felicitaciones a la delegación costarricense por haberse negado a escuchar al iraní que despotricaba en tono belicista.

[email protected]