Alberto Cañas

Enviar
Sábado 9 Febrero, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Una de las cosas más divertidas que han sucedido en la Asamblea Legislativa últimamente, fue la ocasión en que la diputada del PAC Andrea Morales concurrió al plenario (no cree en las rupturas de quórum pero no creo que eso sea grave) y por falta de gobiernistas no hubo quórum.

Algunos compañeros míos del PAC han considerado censurable la conducta de la diputada Morales, y así me lo han hecho saber por distintos medios. Incluso la diputada Morales concurrió a una reunión de la Comisión Política del partido a la que no pude asistir, y allí explicó sus actos, y más tarde publicó un artículo en el que reiteró lo que interesa: que no va a votar afirmativamente los proyectos llamados de implementación. Mi opinión personalísima es que la disciplina de partido no abarca detalles de forma y procedimiento, y no debe confundirse con una disciplina de tipo militar.



Digo que fue divertida la ocasión en que no hubo quórum pero la diputada Morales estaba presente, porque (aunque he apoyado la tesis de que los diputados del PAC no les hagan quórum a los del gobierno cuando estos no llegan) si se hubiera formado el quórum ese día sin que el gobierno tuviera suficientes curules ocupadas, no habría sido raro que alguna decisión de las que requieren 38 votos la hubiera perdido el gobierno sin que las machacas macarthystas hubiesen podido culpar al PAC ni a Ottón Solís del desaguisado de que saliera derrotada alguna de las tesis gubernamentales del sí señor. Y ése es el verdadero tema de mi columna de hoy.

Y podría haber ocurrido así, porque aunque en cualquier parlamento del mundo el Presidente puede levantar la sesión ante una situación peligrosa, en Costa Rica, desde 1994 y por obra y gracia del PUSC (que todavía no era un aliado de los restos del PLN) el Presidente de la Asamblea Legislativa no puede levantar la sesión por decisión propia, y entonces la tesis que requiriese de 38 votos habría tenido que someterla a votación.

Todo esto me lleva a una de mis tesis permanentes y majaderas. Lo que hay que hacer en la Asamblea Legislativa como primera prioridad, es derogar el reglamento del 94 (planeado por la diputación del PUSC para no dejar gobernar a José María Figueres), y adoptar con rapidez un reglamento decente, democrático e inteligente, como el que el viejo don Manuel Formoso le preparó a la Asamblea de 1961, que revolucionó el Poder Legislativo y funcionó de maravilla.

Desde 1994 hasta la fecha, hemos pasado por la Asamblea más de 228 diputados, y ninguno ha creído que el reglamento es bueno. Ni siquiera los furibundos del PUSC dedicados a obstruir usándolo, entre el 94 y el 98. Pero ahí sigue. Y es ese reglamento del 94, y no la calidad de los diputados actuales (que en términos generales son de lo mejorcito que hemos tenido en la era de la gradería de sol) lo que más ha contribuido al desprestigio de que actualmente disfruta la Asamblea Legislativa.

[email protected]