Alberto Cañas

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Sábado 29 Septiembre, 2007

CHISPORROTEOS
Alberto F. Cañas

Una de las sorpresas más fulminantes y positivas que se van a llevar este año los amantes de la lectura, sobre todo los que se interesan en lo que se escribe en Costa Rica, es la novela EL DÍA QUE NO EXISTÍ, cuyo autor Johann Schoenfeld (alumno mío en la ULATINA, por cierto), apenas tiene 21 años, pero es el caso de precocidad literaria más apabullante con que me he encontrado desde que apareció Jorge Debravo a los 22, ya que esta primera novela suya es de una admirable madurez tanto formal como de tema y argumento,

EL DÍA QUE NO EXISTÍ relata el caso de un adolescente, estudiante de secundaria y estudiante distinguido de brillantes notas, que se convierte en víctima de los matones de su clase, que lo humillan, agreden y golpean abusando de su fuerza física mayor, y actuando contra él en manada, simplemente porque es buen estudiante, obtiene buenas notas, y no brilla en materia de deportes.

El tema no ha sido tratado hasta ahora, que yo sepa, en la narrativa costarricense, y Schoenfeld no solo lo cuenta con fuerza y puntualidad, sino que analiza la personalidad y motivaciones tanto de los matones como de la víctima, lo mismo que la conducta neutra de profesores y autoridades, hasta llevar a un desenlace fuerte, conmovedor y sorprendente por inesperado. Todo ello, lo subrayo, contado y analizado con una seguridad y una madurez que al menos a este lector lo dejaron atónito.

Los educadores deberían leer este libro, y el Ministerio de Educación hacer que lo lean, tanto educadores como estudiantes. La denuncia contenida en él es brutalmente impresionante, y tiene la fuerza de lo que es real y verdadero. ¿Quién no sabe que estas cosas ocurren? ¿Quién no las presenció en sus días de colegial?

Schoenfeld ha observado con ojo lleno de madurez cierta horrible realidad de la vida colegial. Varios autores costarricenses se habían metido antes con la vida universitaria en novelas y relatos evidentemente autobiográficos. Si esta novela de que hablo lo es también, no incide sobre su calidad, y esto es propio de las novelas de verdadera calidad, que nos desentienden de sus orígenes y nos sumergen en su mundo propio sin invitarnos a que nos preguntemos de dónde las sacó su autor. Aunque también recordemos aquella afirmación de Hemingway acerca de que todo lo que se escribe es autobiográfico, emane de lo vivido, lo padecido o lo presenciado.

He leído muchas novelas de autores jóvenes, debutantes. He estimulado cuando he podido a los que hacen primeras armas, y sentándome a esperar su madurez, que alguna vez no se ha producido, en el caso de EL DÍA QUE NO EXISTÍ y de Johann Schoenfeld, la madurez del narrador está aquí, con admirable precocidad. No se pierda usted este libro que ha sido publicado por la editorial Perro Azul, y que espero esté ya en librerías.

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