Alberto Cañas

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Sábado 25 Octubre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

He leído con gran satisfacción la noticia de que el Ministerio de Cultura se propone rescatar y consolidar algunos de los barrios tradicionales de San José, el barrio de Amón, y el barrio Otoya, entre otros. La ciudad se nos está cayendo a pedazos y ya es hora de que se emprenda una recuperación. No quisiera recordar pero tengo que recordarlo, que fue durante la primera administración Arias que el Ministerio de Cultura autorizó la demolición de la más bella residencia de San José, la célebre y lamentada casa de los leones, para que en lote vacío se instalara un parqueo. Ojala que lo que se haga ahora, ayude en algo a que olvidemos el crimen estético y urbanístico que se cometió aquella vez.

Ahora que ya pasó el asunto del nuevo estadio en La Sabana, aunque no cese la campaña de la gradería de sol contra Guido Sáenz, conviene hacer algunas reflexiones. No se ha publicado el fallo de la Sala, pero no puedo imaginármelo, por la razón que paso a explicar, suplicando humildemente y de rodillas a las voces del odio que por vida suyita no me insulten por lo que voy a decir.

Hay una ley de 1998, que se aprobó siendo yo diputado, pero sin que yo la votara porque separa las para mí inseparables carteras de juventud y deportes, y otros excesos, como poner el legado del padre Chapuí a los habitantes de San José, en manos de un departamento del Poder Ejecutivo que allí se creaba, y no como era natural e insistí yo entonces, en manos del organismo público que representa a los josefinos, que es su municipalidad. Esa ley, que está vigente, prohíbe, sí, estimadísimas voces del odio, prohíbe que en La Sabana se construyan: a) Instalaciones para entrar a las cuales se cobre; y b) Instalaciones que estén rodeadas de vallas, paredes tapias o verjas. Y no hace excepciones de ninguna clase, aunque, como es natural, no ordenó demoler las que había.

Es elemental para cualquier estudiante de derecho, que si una ley no ordena destruir algo pero prohíbe que se construya alguna cosa similar, no está ni remotamente declarando que lo existente tiene algo así como “derechos adquiridos” para sus sucesores, y que si es demolido, pueda sustituírsele por una instalación similar, porque ésa sí estaría prohibida, como cosa nueva que es. Es algo parecido a la doctrina jurídica de los derechos adquiridos, que es restrictiva y no se aplica más que a lo que está claramente especificado.

Toda ley que restringe o prohíbe algo, hace la excepción de lo existente. Pero jamás proyecta la excepción hacia el futuro. Se limita a lo existente.

Por otra parte, aunque estimo que urge más un hospital en Cartago, la reconstrucción de abundantes escuelas y colegios, y otras cosas, no insisto en el punto y sostengo que existe un magnífico terreno de propiedad pública y no muy lejano de La Sabana, en la parte norte de los Hatillos, con una extensión como de 18 manzanas, en el cual alguna vez, cuando yo era diputado conversé con el alcalde Johnny Araya sobre la posibilidad de construir un parque con acento en el deporte, con piscina pública y hasta con un estadio que viniera a sustituir el muy destartalado de La Sabana. Don Johnny debe de acordarse de ese proyecto, y de cómo, ya en las postrimerías de mi período diputadil, no me fue posible obtener la partida específica imprescindible para que la Municipalidad de San José emprendiera la obra.

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