Alberto Cañas

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Sábado 11 Octubre, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Es perfectamente sorpresiva la agresividad rayana en la malacrianza, con que ciertos aficionados a los espectáculos deportivos (porque entre ellos no he dilucidado a ningún futbolista) han reaccionado contra los ciudadanos que plantearon un recurso ante la sala cuarta sobre la construcción de un nuevo estadio en el parque de La Sabana.

Concretamente la han emprendido groseramente contra Guido Sáenz, que es un ciudadano que merece respeto por su conducta, por su obra, aunque no sea aficionado al fútbol (cosa que entiendo no es pecado), ni quienes lo atacan lo sean a las manifestaciones artísticas y culturales que don Guido ha estimulado, protegido y practicado.

El problema es que algunos ciudadanos creemos que teniendo el área metropolitana el estupendo estadio Saprissa, y además, en el Valle Central, los estadios Morera, Rosabal y Fello Meza, no parece que sea urgente que haya un quinto estadio en el centro de San José, habida cuenta sobre todo de que el que había, construido en tiempos de don Julio Acosta, cada vez se usaba menos, pues las sociedades comerciales que se disputan los campeonatos de fútbol prefieren jugar en sus propios estadios, donde el precio de las localidades ingresa a sus propias cajas.

Se ha dicho por mucha gente que al igual que el estadio que demolieron, el que se quiere construir, será usado con poca frecuencia, en caso de juegos internacionales.

Lo que sucede es que algunos creemos que La Sabana se ha convertido en el centro geográfico de la capital, y está adquiriendo un cierto cariz residencial que no debe despreciarse. Además, recuerdo que hace unos doce años, siendo este columnista diputado a la Asamblea Legislativa, conversé, muchas veces con el alcalde Johnny Araya sobre el hermoso parque deportivo que podría construirse en un terreno como de 18 manzanas que hay en Hatillo, muy cercano a La Sabana, propiedad en parte de la Municipalidad y en parte del INVU, en el cual podría ubicarse (sin necesidad de expropiaciones), el hermoso estadio que se pretende.

Por supuesto, para tal cosa habría que ignorar el morrocotudo descubrimiento que hizo antier un ciudadano en La Nación, de que el padre Chapuí legó La Sabana a los deportistas. Y el tonto de casa creyendo que cuando el padre Chapuí testó ni se había inventado el fútbol, ni existía la idea del deporte, y que el padre de lo que habló fue de los ganados de los pobres.

Me parece que a la capital le hace más falta un centro de convenciones que un estadio más (porque para la capital está el estadio Saprissa), y que un centro de convenciones es lo que se pudo pedir a los chinos, ubicándolo (sin expropiaciones), en los terrenos de la estación del Ferrocarril al Pacífico.

O, si se quería que fuera algo para el deporte, haber pensado en una buena colección de canchas de fútbol, con gradería y lo que haga falta, en colegios públicos, donde se fomente la práctica del fútbol (la cancha, no la gradería), en la juventud. Disparates así, que ojalá no me traigan una infame carga de caballería como la que está soportando Guido Sáenz y tuve que soportar yo mismo cuando ordené sembrar árboles en la esquina noreste de La Sabana allá por 1973, que recuerdan mucho las que yo creía sepultadas voces del odio. Más respeto a las personas es lo que hay que exigir. No es ético atacar a un ciudadano o grupo de ciudadanos porque hacen uso de un derecho que la ley les concede. Me imagino lo que tendrán que oír los magistrados si declaran con lugar el recurso. A lo mejor a punta de insultos los obligan a emigrar. Terrorismo de prensa se llama esa figura. Lo que le están diciendo a Guido Sáenz, léanlo los magistrados de la cuarta con cuidado… por lo que potis.

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