Alberto Cañas

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Miércoles 1 Octubre, 2008

Chisporroteos

Alberto F. Cañas

De este asunto que anunció Ottón Solís en su conferencia de prensa del lunes, creo que lo que debe decirse primero es el hecho de que la propuesta que ha formulado es producto de una reunión en la que participaron representantes de los principales clientes (no me gusta la palabra usuarios) del puerto de Moín, y el famosísimo sindicato de trabajadores portuarios. Y que de la conversación surgió ese plan que cuenta con el apoyo de los que han sido presentados por partes interesadas como enemigos irreconciliables, de los cuales, para algunos solo uno es costarricense o patriota y el otro o una oligarquía de entreguistas, o un conjunto de malnacidos y candidatos a la cárcel. Tan tremebundos los unos como los otros… lo cierto es que conversaron y que se han entendido.

Lo que ha quedado claro es que los costarricenses, contra viento y marea, seguimos siendo capaces de entendernos. Y que, como dice el viejo refrán, hablando se entiende la gente. Es probable, más que probable, que el plan que se ha propuesto encuentre objeciones. Pues ya se sabe que perfecto, en el mundo, solo el premio Nobel. Pero lo importante es que hay un proyecto. Que las partes más interesadas lo aprueban. Ahora lo que falta es que el gobierno lo lea y no lo envíe a la repleta gaveta de papeles inútiles donde descansan en paz las proposiciones que periódicamente le hace al gobierno el paciente líder del mayor partido de oposición.

En todo caso, el plan contiene un alto a la privatización que se proponía del puerto de Moín, aunque acepta que se construya un puerto nuevo en el Caribe por empresas privadas que tengan sentido competitivo. Pero no se insiste mucho en el asunto, no sea que se disguste la administración neo-socialdemócrata que acaba de surgir repentinamente en Washington sin esperar a las elecciones de noviembre. Nosotros privatizando seguros y ellos poco menos que nacionalizándolos. Como decía mi abuela: ¡Bendito sea Dios!

Cambio de tema para comentar y lamentar el fallecimiento de ese gran artista y gran ciudadano que fue Paul Newman. A mi juicio el mejor actor de su generación y que me perdonen los adoradores del excéntrico Marlon Brando. Un gran norteamericano que dedicó buena parte de su vida a servir a sus semejantes. Tanto él como su esposa, actriz de parecido calibre al de él, Joanne Woodward, que fue incluso “oscarizada” antes que su marido. Yo tengo entre mis mejores recuerdos el haber aplaudido a Newman cuando hacía su debut en el teatro de Broadway (esto fue en 1953 y ha llovido desde entonces) en la hermosísima comedia de William Inge Picnic. La fama y el prestigio Inge comenzaban a cobrar esplendor (era su Segundo estreno), esplendor que terminó con su inexplicado suicidio pocos años después.

Nunca hizo Paul Newman escándalos, no fue un favorito de las “revistas del corazón” o “prensa corronga” como la ha bautizado con gran acierto Carlos Morales. Fue un artista y un buen ciudadano que vivió su vida privada sin escandalizar, dedicado a servir al prójimo. Que en paz descanse.

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