Alberto Cañas

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Sábado 28 Junio, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Si hay algo que pueda levantarnos el espíritu tan decaído de los últimos años a los costarricenses, es lo que está sucediendo en Sardinal, pequeña aldea guanacasteca con visos de insignificante que de pronto toma conciencia de que todo lo que están haciendo para convertir su provincia en un playground de extranjeros, en nada favorece a los guanacastecos humildes y de nada les sirve, a pesar de las enormes publicaciones auto-propagandísticas que propician los que se están enriqueciendo a fuerza de comisiones y de ir vendiendo el territorio nacional a poquitos. Guanacaste se está yendo de manos de los guanacastecos, en pos de una cosa hotelera y de casinos y canchas de golf totalmente artificial, que les impide a los guanacastecos disfrutar de las playas que eran suyas, y que puede durar o no durar, pasar de moda entre los platudos, como pasaron de moda Acapulco y la Costa Brava. Flores de un día… sin provecho para los habitantes.

Los de Sardinal aspiran a otra cosa. Claramente, a que no les quiten el agua, y por supuesto, a que se cumpla lo que han prometido: su tierra convertida en un emporio, y ellos disfrutando del crecimiento y el desarrollo de su zona, aunque sus bicicletas no se conviertan en los Mercedes Benz de que habló algún profeta. Y aquí sí que hay que exigir que las autoridades se olviden de las contribuciones que recibieron para la campaña electoral del 2005, y se apresten a escuchar, no a Sardinal sino a toda la población humilde de Guanacaste… y ténganse, que ya la cosa va hacia el Pacífico Sur.

En relación con recientes publicaciones en el sentido de que ¡por fin!, van a presentar en el Teatro Nacional artistas de los llamados populares, me parece que están exagerando la cosa. El Teatro Nacional siempre ha exigido calidad, y jamás ha rechazado lo popular. Siempre oí hablar de las cupletistas españolas que pasaron por él en la década de 1920; más adelante recuerdo haber escuchado allí a Alfonso Ortiz Tirado y Juan Pulido (si es que alguien se acuerda de ellos), y en tiempos más modernos allí han estado (algunos por gestión hecha por mí cuando podía hacerla) Juan Manuel Serrat, María Elena Walsh, Duke Ellington, Paloma San Basilio (a quien ahora anuncian como una novedad). Cuando pasaron por aquí las Hermanas Aguila, Hugo del Carril, Juan Canaro y muchos otros en las décadas de 1940 y 1950, prefirieron presentarse en los cines Palace y Raventós, en razón de su mayor capacidad, que permitía dividir los honorarios del artista entre mayor número de espectadores y por lo tanto, reducir el precio de la entrada. Los conciertos populares que sea anuncian en el Nacional, con toda seguridad podrían ofrecerse a menor precio en el que me niego a no llamar Raventós, que para eso se compró: para bajar precios. La capacidad del Teatro Nacional es sumamente limitada y eso obliga a cobrar más por las localidades.

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