Alberto Cañas

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Sábado 14 Junio, 2008

CHISPORROTEOS

Alberto F. Cañas

Es cada vez más frecuente la necesidad de recordar a amigos que se nos han ido y lamentar su partida. Esta semana fue Edgar Pacheco Gurdián, singular compañero de trabajo en mis épocas de abogado a cuya inteligencia clara, agudo ingenio y sentido jurídico acudí cuantas veces pude no solo en los poco más de diez años que compartí con él, sino después, cuando dedicado a otras cosas se me planteó alguna duda en mis asuntos personales. Mis recuerdos de él son todos gratos, de admiración por su talento, por su sentido jurídico y por su integridad. Es un lugar común, pero debo decirlo: con muchos hombres como él este país andaría mejor.

No entiendo la existencia de ese tribunal que ha revocado las inteligentes decisiones de la Ministra de Obras Públicas sobre transporte interurbano, que parecían como venidas del cielo. Pero así es la cosa.

Entendí alguna vez que todos los tribunales tenían que pertenecer al poder judicial desde la Constitución del 49, asustados como estábamos los ciudadanos de entonces por el uso que había hecho el gobierno de los ocho años de las Agencias de Policía para abrir procesillos contra dirigentes de la oposición. Pero este tribunal de que hablan ahora nunca lo oí mencionar. Me parece que es administrativo. Y si lo es, probablemente sus miembros sean de nombramiento del Ministro. Pero entonces, no me explico cómo es que revocan decisiones del Ministro siendo sus subalternos. En todo caso, puedo estar equivocado, porque no he encontrado quien me explique la cosa.

O tal vez pertenezcan a la monomanía que venimos padeciendo de la judicialización total del Estado y que ahora existan tribunales específicos que revocan decisiones específicas de los ministros.

En todo caso, lo que se ha publicado muestra que el bendito tribunal está formado por gente incompetente, de esa que le da más importancia a la letra de la ley que al bienestar nacional y que quienquiera tenga esa potestad debería despedirla de inmediato, dado el disparate de que la prensa ha dado cuenta. La disposición más sabia que ha emanado del MOPT en no sé cuantos años, derogada porque sí, por una razón que sólo afecta a una pequeñísima porción del terreno que la disposición cubre.

Y así vivimos. Y así seguiremos. Y nadie hace nada. Y nadie despide a nadie. Y cuando hay un despido, el sucesor es peor que el sucedido. Y todo se entraba. Y nada camina. Y nadie se atreve a procurar que camine. Y si se atreve se lo revocan. Y el transporte interurbano, cuya solución ya veíamos en lontananza, que siga como está.

Y el país regido por leyes deliberadamente complicadas, aprobadas a la brava por diputados ignorantes pero populistas, y aplicadas por pegadores de banderas venidos a más.

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