Alberto Cañas

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Sábado 5 Abril, 2008

Chisporroteos

Alberto F. Cañas

En mi columna del miércoles quise decir que el PAC espera que los efectos perniciosos del TLC sean palpables cuando llegue la elección presidencial del 2010. Pero un “dedazo” me puso a decir que la de 2020, aunque todo el mundo sabe que en el 2020 no toca elección presidencial. Quede así rectificado el singular dedazo.

Concurrí el miércoles a presenciar la más reciente hazaña de Camilo Rodríguez: una colección de siete libros (uno por provincia) que recogen fotografías creo que de todas las iglesias de Costa Rica, labor tremebunda que le llevó más de un año, pues todas las fotografías han sido tomadas por él.
Es sorprendente la variedad de estilos, colores y diseños que se encuentran en las iglesias de Costa Rica, la mayoría de ellas diseñadas por los vecinos mismos. Desde edificaciones majestuosas obra de arquitectos, como la Soledad y la Merced de San José, hasta humildes ranchitos perdidos en la lejanía de un caserío remoto.
Ya estamos habituados a las sorpresas que nos da ese notable taquígrafo de la vida costarricense que es Camilo Rodríguez. De modo que sus sorpresas no nos caen de sorpresa porque estamos siempre esperando una hazaña nueva.
Pero nada es perfecto. Esta proeza bibliográfica carece de índice, lo que hace difícil encontrar una iglesia determinada y además no tiene las fotografías (por lo menos en la provincia de San José, que es la que he devorado), organizadas y agrupadas por cantón, lo que haría más fácil la consulta. Pero son pequeños pecados, dada la monumentalidad de la empresa.

Es lamentable que la Asamblea Legislativa le haya cortado las alas al INS. Se empeñaron, por puro berrinche ideológico y entreguista, en cancelar el monopolio que creó don Ricardo Jiménez y que nos ha dado un cuerpo de bomberos gratuito y la más asombrosa atención a los trabajadores accidentados mediante el seguro de riesgos profesionales, obligatorio por más señas y por lo tanto non grato para el Partido Republicano de los Estados Unidos y sus corifeos locales.
Aquí se nos van a meter las transnacionales a competir con el INS, y nuestros diputados le prohíben al INS salir a Centroamérica a competir con ellas. Y es que los antecedentes de las transnacionales y del INS en casos como los de terremoto por ejemplo, es pavorosamente favorable a la empresa costarricense. Según me han contado, ocho meses después del terremoto de Alajuela, el INS había pagado las pólizas, y en ese mismo mes, las transnacionales no habían pagado las pólizas del terremoto que hubo en Guatemala 15 años antes. Si eso es como me lo han dicho, en Guatemala estarían felices de recibir al INS. Y mucho bien haría en Centroamérica el INS con su seguro de riesgos profesionales, que sería revolucionario.

Pero ya se ve que la salsa que es buena para la gansa no lo es para los gansos (en mi adolescencia llamábamos gansos a los ansiosos de dinero). Y los eufóricos de la competitividad le niegan a una empresa costarricense la posibilidad de ejercerla en el extranjero. Costa Rica no tiene dimensiones para poseer una aseguradora privada. Por eso tiene una aseguradora pública. Pública, pero nacional. Y nuestros benditos diputados, abanderados del libre comercio, le niegan a la empresa nacional que puede competir con las transnacionales grandes, el derecho de hacerlo. Y que vivan los gansos, los tigres sueltos y los burros amarrados. ¡Qué jardín zoológico!

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