Alberto Cañas

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Miércoles 9 Noviembre, 2011


CHISPORROTEOS


Concluí mi columna anterior describiendo el premiazo de gestión, promoción, producción, investigación y comunicación cultural que propone el proyecto de reforma a los premios nacionales que tramita la Asamblea Legislativa. Sigo con el tema.
A la hora de otorgar ese premiazo (al que, como pudieron constatarlo con sólo leer mi columna, puede aspirar cualquier hijo de vecino… y de quien no sea vecino), se tomará en cuenta, según el texto del proyecto, lo siguiente: a) Pertinencia de la propuesta (no habían dicho que premiarían propuestas, pero todo cabe); b) Excelencia en la resolución de la propuesta (si algún lector entiende esto le ruego que me lo avise y me lo explique); c) (respiren hondo) Excelencia en el nivel técnico y estético de preparación y ejecución de la propuesta (fíjense que no se trata de premiar una obra sino una propuesta) de acuerdo con los parámetros del quehacer de su área (nuevamente unos parámetros que nadie sabe donde están, tal vez en la gaveta del escritorio de algún empleado del Ministerio de Cultura); d) Creatividad y originalidad de la propuesta en función de su carácter innovador (insisto: no se van a premiar obras sino propuestas. Facilísimo); e) Nivel de rigor investigativo (no se explica en donde comienza el nivel premiable); f) Comprobado desempeño profesional en la disciplina correspondiente (tal vez usted, lector, entienda cómo se comprueba eso, por ejemplo, por parte de un banco que aspire a que lo premien, y cómo haría un escritor en este país para demostrar que es profesional); g) Relación de la propuesta con el entorno y/o el momento actual. (Insisto en que el anglicismo y/o no pertenece a la lengua española y sugiero que se fijen ustedes en el empeño de que los premios tengan que ver con el momento actual.
Bueno, estimadísimos lectores. Eso es lo que pretenden que sustituya la ley escueta, clara, sin tapujos, que nos legó Fernando Volio y que se viene aplicando y ocasionalmente reformando sin otro problema que la mala calidad reciente de los jurados, desde hace cincuenta años.

Alberto F. Cañas
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