Alberto Cañas

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Sábado 10 Septiembre, 2011


CHISPORROTEOS

Quienes (con antecedentes dentro de ella) hemos venido reuniéndonos preocupados por la situación de la Caja Costarricense de Seguro Social (la que han llamado Comisión Cañas-Miranda de que soy apenas miembro de número), hemos trabajado sobre la base de que existen errores (también abusos) en la estructura misma de la institución, que ha operado sobre bases obsoletas (la expectativa de vida del tico, que ha crecido enormemente, la tendencia de los gobernantes de algún modo hay que llamarlos a disminuir la edad para pensionarse aumentando el número de años en que la pensión se percibe), y hemos tenido que agregar a esas causales de insolencia, los salarios exorbitantes que perciben algunas personas, y el truco mediante el cual los funcionarios de la Caja perciben catorce y no trece meses de salario cada año.
Lo que nunca nos imaginamos (¿seremos unos ingenuos en esta Costa Rica del siglo XXI?), es que hubiese además incorrecciones, violaciones y actos sospechosos o presumiblemente punibles, como los que han venido apareciendo en estos días. Tanto, que ya no podemos decir simplemente que la Caja corre peligro de quebrar por razones estructurales, sino que debemos más bien afirmar que viene en peligro de que la quiebren. Y los jerarcas, tan frescos.
Estoy seguro de que ustedes comparten conmigo la convicción de que la Caja Costarricense de Seguro Social es la institución más importante del país (al menos para todos los habitantes que no somos capitalistas ni banqueros, que esos tienen otras concepciones y prioridades), y que el admirable progreso social (repito, repito y repito: social) que experimentó este país y que lo colocó (por lo menos hasta la década de 1980) como un ejemplo para América, tuvo su base en la seguridad social, bien acuerpada por el ICE, el INVU, el Consejo de Producción y otras instituciones de desaparición inminente a manos de extranjeros amigos de exportar ganancias.
Como hizo el país con la fábrica de cemento, que no firmó concesión con extranjeros para que la establecieran, sino que esperó a poderla montar con capital nacional (que después los malos gobiernos se hayan deshecho de ella es otra cosa), muchos creemos que no debemos permitir que se explote el petróleo que aquí pueda haber mientras no tengamos la capacidad de explotarlo nosotros y dejarnos las ganancias. Todo eso, además, porque tenemos la obligación de pensar en las generaciones venideras, y no empeñarnos, como parecen empeñados algunos, en que esta generación lo explote todo, y lo empeñe todo.
Lo de la caja es alarmante. Ingenuos que somos muchos, realmente no creíamos que la Caja estuviese administrada lo mal que ahora aparece que lo ha estado. Realmente, lo que una vez dije de la Asamblea Legislativa y que se ha popularizado, lo podemos decir ahora de todas las instituciones del Estado (las que quedan): que cayeron en poder de la gradería de sol. Bendito sea Dios.

Alberto F. Cañas
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