Claudia Barrionuevo

Claudia Barrionuevo

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Lunes 7 Marzo, 2011



Digamos que nos cuentan un chisme, una información no confirmada por los medios de información. Cuando un día la noticia sale publicada, no es noticia: es la confirmación de lo que algunos sabíamos o sospechábamos

Chismes confirmados

Digamos que nos cuentan un chisme, una información no confirmada por los medios de información, pero que es de conocimiento semi público. Digamos que lo comentamos y algunos amigos o conocidos aportan sus análisis o completan la información. Digamos que entonces ampliamos el conocimiento del chisme. Cuando un día la noticia sale publicada, no es noticia: es la confirmación de lo que algunos sabíamos o sospechábamos.
Ese es el caso de las revelaciones que el periódico La Nación ha hecho públicas gracias a la entrega de los documentos de WikiLeaks.
A finales de noviembre del año pasado, la organización mediática internacional sin fines de lucro WikiLeaks (leak del inglés fuga o filtración, en este caso de información) liberó más de 250 mil documentos secretos que ponen en evidencia los informes de las embajadas de Estados Unidos en todo el mundo. Desconozco cuántas de las revelaciones sobre la percepción de los burócratas norteamericanos sobre los políticos de cada país fueron en verdad revelaciones o simples confirmaciones de lo que los ciudadanos medianamente informados sabían o sospechaban.
En el caso de Costa Rica hoy que escribo esta columna, viernes 3 de marzo poco o nada de la información publicada me ha sorprendido.
Que Oscar Arias supo cómo votaría la Sala Cuarta en relación con el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Estados Unidos ¿quién no lo sabía?
Que Bienvenido Venegas conocido popularmente bajo el mismo nombre con una d agregada luego de otra letra trató de modificar la ley para elegir al fiscal general para beneficiar a su líder y negoció con el gobierno arista su voto a favor del TLC, no es novedad para casi nadie.
Que las declaraciones del Ministerio de Comercio Exterior de Estados Unidos y las de la Casa Blanca influyeron en la victoria del Sí al TLC es lo que creen los burócratas norteamericanos. Muchos creemos que más bien influyó otra de las razones que argumentan: la superioridad en recursos y movilización de votantes del grupo que apoyaba el tratado al de los que se le oponían. ¿Qué descubrieron los funcionarios gringos que no supiéramos? Nada.
Hasta ellos se sorprendieron cuando de un día para otro el Gobierno rompió relaciones con Taiwán y las estableció con China. Eso sí fue un secreto bien guardado. Que el país escogió el apoyo económico oriental sobre los derechos humanos fue de sobra comentado.
Y así podría seguir. Pero sinteticemos: ¿a qué se dedican los burócratas estadounidenses? ¿A escribir los chismes que muchos sabemos? ¿Es que acaso necesitan justificar sus puestos como cualquier empleado público del mundo? ¿Qué fue de la Agencia Central de Inteligencia CIA? ¿Se le perdió la I en el transcurso de los años?
Hasta ahora lo mejor de las entregas noticiosas de La Nación ha sido el apasionante relato de Giannina Segnini sobre su odisea desde que inició el contacto con los responsables de WikiLeaks hasta el encuentro con los mismos en Londres. Envidiable experiencia. Digna de una película de espionaje periodístico. Pero las revelaciones de los cables por lo menos hasta ahora han sido verdades de Perogrullo. Chismes confirmados.

Claudia Barrionuevo
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