Tomas Nassar

Tomas Nassar

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Jueves 14 Enero, 2010


VERICUETOS
Chingo'e campaña

“Viste que en el billete de una libra sale un viejo chingo? Chana, si ya lo revisé todo con una lupa y no hay viejos ni viejas chingas. Son cogedores de café y cortadores de banano. ¿Dónde está el viejo chingo? No hombre, del otro lado. Hay un viejo chingo. ¡Chingo de bigote!”.
Me acordé hoy de esa agarrada de chancho que le pegaban a uno carajillo con los billetes de cinco colones (“una libra”) que mostraban la imagen del presidente Rafael Yglesias Castro y de la viñeta en su reverso, obra de Aleardo Villa que se muestra en el plafón de la escalinata que lleva al foyer del Teatro Nacional.
Y es que viendo el anuncio de la marioneta, que muestra la campaña de altura, de ideas y de inteligencia que prometió un sempiterno candidato, no pude más que pensar, “chingo'e propaganda”. ¡Chingo de altura, chingo de propuesta y chingo de respeto a la contrincante!
Dicen que la impotencia genera violencia, expresión que, en este caso, traduzco como que nunca se conoce más a la gente como cuando está en situaciones extremas y, más aún, adversas.
Y es que claro, la promesa fácil y elegante de debatir en el marco de las ideas se convirtió en palabras que se lleva el viento cuando todo parece indicar que se acerca, incuestionablemente, la muerte anunciada y cuando se debe ser consciente de que la futura promesa de que “a la cuarta va la vencida” no será más que un predicado vacío que no convencerá ni a su propia gente.
Demostrado está que ante el dramático porvenir que augura la Siberia política algunos pierden las buenas intenciones optando por la propaganda que nos están recetando, ofensiva, vacía, pensando que los ticos somos tontos y que votamos por el que tiene más galillo y por el que es más malcriado. Diay, no siempre el más gritón come más pinol.
Esta es una campaña muy atípica. Asimétrica como dirían los estrategas. Todos contra una y una capeándoselos a todos y poniéndolos en carreras.
Francamente, como no he visto a doña Laura ofender o denigrar a ninguno de sus contrincantes, supuse erróneamente que el de la oferta inteligente desvanecida en su propia y reconocida intolerancia, se comportaría con ella como se debe tratar a una dama, es decir, como un caballero. Se puede y se debe ser correcto con el contrincante aunque tengamos profundas diferencias. Se puede decir lo mismo sin insultar. ¿Mucho pedir? Parece.
¡Qué cosa rara esta campaña! Lo que hemos visto. Ahora resulta que los del NO al TLC están intentando unirse en una coalición para derrotar a doña Laura y desterrar a los Arias en Madagascar o más lejos aún si se pudiera (ya hablaremos de esto la semana próxima), a pesar de que entre sí, según ellos, hay profundísimas divergencias ideológicas. Yo pensaba más bien que la pléyade de minipartiditos en que se alojaron los furibundos enemigos del tratado con los gringos (no con los canadienses ni con los europeos, cosa curiosa) mantendrían el valor de sus principios. Pues no. Nos vienen ahora a demostrar que sí son capaces de taparse con la misma cobija con tal de compartir gobierno. Bueno es irse enterando de que estarían dispuestos a sentarse en la misma mesa con tal de hacerse con el poder. Y eso dice mucho, aunque no lo crean los que tratan de hacerse pasar por amigos de la libertad económica y la iniciativa privada.
La buena noticia: aún somos un pueblo educado, culto, inteligente que valora sus libertades y que reconoce que, muy a pesar de sus debilidades y de las inequidades internas, nuestro sistema es muchísimo mejor que el que soñarían con recetarnos aquellos que, por fortuna, deberán entender que el pueblo ya les ha dicho no, no y no. Y tres veces es suficiente. ¿Verdad?