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Viernes, 22 de febrero de 2019



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China molesta por entrega de Premio Nobel

Redacción La República [email protected] | Sábado 11 diciembre, 2010



China molesta por entrega de Premio Nobel

La ceremonia de entrega del Premio Nobel de la Paz al disidente Liu Xiaobo fue “una farsa política que en ningún modo quebrará la resolución y confianza del pueblo chino”, aseguró en un comunicado el Ministerio de Asuntos Exteriores chino, justo después de que terminara la recepción en Oslo.
Según el comunicado, firmado por la portavoz de la Cancillería Jiang Yu, “la decisión del Comité Nobel Noruego no representa el deseo de la mayoría de los pueblos del mundo, especialmente aquellos países en desarrollo”.
Jiang añadió que China seguirá firme “contra los intentos de cualquier país o individuo de usar el Premio Nobel de la Paz para interferir en los asuntos internos e infringir la soberanía judicial china”.
También aseguró que la “posición justa” del régimen comunista chino ante el galardón de este año “se ha ganado la comprensión y el apoyo de más de cien países e importantes organizaciones internacionales”.
“Los prejuicios y las mentiras son indefendibles, y la mentalidad de la Guerra Fría no tiene apoyo popular”, aseguró el comunicado de Asuntos Exteriores, que terminó señalando que “los ardides de algunas personas no irán a ninguna parte”.
China ha protestado repetidamente por la concesión del premio en los dos meses transcurridos desde que se anunciara, algo que ha ido acompañado de una fuerte censura a todas las noticias relacionadas con Liu Xiaobo en los medios chinos, oficiales e independientes.
Asimismo, ha sometido durante este tiempo a arresto domiciliario a su esposa, Liu Xia, y ha aumentado la vigilancia contra otros familiares del galardonado, amigos y activistas pro derechos humanos, con el fin de que ninguno pudiera viajar a Oslo a asistir a la ceremonia, en la que una silla vacía sirvió para simbolizar al disidente.
En el acto de Oslo se leyó el famoso discurso de Liu “No tengo enemigos”, que pronunció el 23 de diciembre de 2009 durante el juicio en el que dos días después fue condenado a once años de prisión por “subversión contra el poder del Estado”.
Por otro lado su mujer, Liu Xia, respondió a la llamada de este periódico Mo Shaoping, dueño del bufete de abogados que defiende a Liu. Donde aseguró que no podía hablar: “Está la policía en la oficina”, se ha justificado.
El blindaje de Pekín en torno al Nobel de la Paz ha conseguido construir en lo últimos días un muro de silencio. En su entorno, más de dos centenares de personas han sido puestas bajo arresto domiciliario, sometidas a una vigilancia férrea o se les ha impedido viajar al extranjero, según ha denunciado la ONG Amnistía Internacional. El motivo era el temor a que viajaran a Noruega para asistir a la ceremonia del Nobel. El resultado se vio ayer en Oslo, aunque no en Pekín. Una silla vacía.
Por otros lado el activista chino Liu Xiaobo envió ayer un mensaje de conciliación y de esperanza a su país en la ceremonia de entrega del Nobel de la Paz 2010, en la que se le recordó con una silla vacía al no poder asistir por cumplir una pena de once años de prisión.
Las palabras del ganador del Nobel fueron escuchadas en el Ayuntamiento de Oslo con la voz de la actriz noruega Liv Ullmann, que leyó un texto pronunciado por Liu.
Frente a lo que él definió como la “mentalidad del enemigo” del régimen chino, Liu dijo no tener “enemigos” ni sentir “odio”, porque esa forma de pensar “incitará a luchas mortales y crueles, destruirá la tolerancia y humanidad de una sociedad y dificultará los progresos de una nación hacia la libertad y la democracia”.
En “No tengo enemigos, mi declaración final”, título del discurso, Liu admitió no obstante progresos, y resaltó que la reforma y la apertura impulsadas en China tras el fin de la era de Mao Tse-Tung fueron un “proceso de debilitamiento gradual de la mentalidad del enemigo y de la psicología del odio”.
Ese proceso favoreció, a juicio de Liu, el desarrollo de la economía de mercado, los avances hacia el Estado de derecho, la diversificación de la cultura y también una mayor tolerancia respecto al pluralismo social por parte del régimen.

Pekin/ EFE