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NACIONALES


Chica de muchas voces

Tatiana Fernandez tfernandez@larepublica.net | Sábado 08 febrero, 2014

Para Natalia el apoyo de sus padres siempre ha sido muy importante para desarrollarse en la vida.Gerson Vargas/La República


Natalia Monge Quirós

Chica de muchas voces

“Mi reto ahora en innovar, reinventarme”

De monja a administradora, de bailarina de ballet a comunicadora e imitadora. Esas son las etapas que marcaron la vida de Natalia Monge, la pequeña gigante que engalana los micrófonos de la radio, junto a sus compañeros de Pelando el Ojo.
Con sus múltiples personajes imitados y unos tantos creados, Natalia se considera una apasionada de lo que hace, lo cual viene de familia, ya que su mamá y sus tíos también tienen la virtud de imitar voces.

¿De niña era tranquila o más aventurera?

La joven imitadora afirma disfrutar mucho de su trabajo y más como medio para comunicar.Gerson Vargas/La República

Yo pequeñita era muy tranquila y lo sigo siendo. Bastante introvertida, muy callada, la típica hija bien portada. En la escuela, superdisciplinada. Era de las que se ensuciaban pero sin mancharse la ropa. Cuando terminaba de jugar con las Barbies me encargaba de guardarlas en las cajas como venían.

¿Qué quería ser cuando llegara a adulta?
Monja. Una vez fui con mi tía a un convento, había tanta paz y todo estaba tan impecable y ordenado, que dije —quiero ser monja—. Fuera de ahí no tenía ninguna otra preferencia profesional hasta la adolescencia que me decidí por la administración y de camino me di cuenta que no era mi fuerte, como sí la comunicación.

¿Por qué se decidió por la comunicación?
Entré al Castella porque me encantaba el piano, pero me gradué en danza y ballet. Cuando salí estaba empachada del arte, entonces entré a administración y sobre la marcha la vi aburrida. Ingresé a estudiar danza a la Universidad Nacional, pero me lesioné los tendones de Aquiles. Al ver que la lesión no cedía, hice tests vocacionales y vi que en las relaciones públicas estaba en mi charco.

¿Cómo se dio cuenta que podía imitar?
Desde la escuela sabía que podía hacer voces y en el colegio hacía como Shakira, además, mi mamá es buenísima en eso.

¿Cómo conoció a Norval Calvo?
Cuando trabajaba como promotora de una disquera los conocí y me invitaron a un programa. Como sabía que eran embarcadores, recordé que en la escuela arremedaba a los profes y me salía bien, entonces empecé a ver si me salía un personaje. En ese momento estaba en boga Laura Chinchilla y la voz se parecía a la de una profe. Practiqué como cuatro personajes y me encantó.

¿Por qué entra Natalia a Pelando el Ojo?
Yo conocía a Cristian (moderador del programa) y una vez me habló como cubano y yo le respondí igual, entonces se lo comentó a Norval, que venía con la inquietud de incorporar una mujer. Empecé a ir uno o dos días por semana. En ese año ocurrió la muerte de Froilán (Bolaños) y Norval nos dijo a Cristian y a mí que dependía de nosotros si no cerraba el programa, y en esto ya llevo cuatro años.

¿Le gusta imitar?
Mi trabajo lo disfruto mucho y como medio para comunicar me encanta, pero solo ahí lo hago. No es por un tema de dinero, es porque no soy el payaso de la fiesta y soy pésima para contar chistes. No soy amargada, pero tampoco tengo esa chispa humorística para sacarle chiste a todo.

¿Qué sintió al ver que se le abría esta opción?
Sentí que ahí estaba la respuesta al momento tan duro que sufrí al tener que dejar la danza. Pasé una época dura. Había decidido dejar la administración y me imaginaba en España bailando y después dedicándome a la gestión cultural. Ya me había trazado ese camino y de repente se me vino abajo. Esta oportunidad fue la respuesta a todo eso, no era el porqué, sino el para qué.

¿De dónde nacen los personajes creados?
Han surgido de forma muy espontánea porque Norval es de echarlo al agua, así fue como nació Marta Emilia. Antes de iniciar la sección de deportes, me dijo que me inventara algo; me acordé una amiga del cole que era muy ruda y empecé a hacer una voz grave, les gustó y empecé a trabajar en ella.

¿Cuántos personajes son creados e imitados?

Son como cinco creados. Bartola que es la señora de la soda; Marta Emilia, la entrenadora de las Aplanadoras FC de fútbol; Cinthya de la O, una chica superpipi; Odilie Montoya, una viejita, y Valerita, que es una niña muy tierna. Imitados son como 12, no me estreso por contarlos.

¿Quién es Norval Calvo para Natalia?
Una persona muy especial, es mi jefe pero también mi amigo y logra que la línea divisoria se mantenga. Infunde mucho respeto, no lo impone ni lo exige y eso hace que uno le responda de la misma manera. Me inspira mucho y le tengo un cariño y un respeto increíbles, es mi consejero profesional.

¿Hasta dónde puede llegar con la imitación?
Cada vez ha tomado más protagonismo en mi vida, porque vivo de eso y jamás lo pensé. Al principio me dio mucho miedo soltarme, pero todo puede cambiar de la noche a la mañana o puede cerrarse el ciclo. Yo digo que de Pelando el Ojo me sacan Dios o Norval, porque me gusta mucho y no me veo fuera de ahí.

¿Pelando el Ojo ha sido un vehículo para conseguir otros trabajos?
El humor como fin no es mi objetivo, sino como un medio para comunicar, informar, educar, entretener y para conseguir otras opciones laborales, como ya me ha ocurrido. Trabajé un tiempo en Monumental, en un proyecto específico, luego en De mañana con Monumental, ahora con Giros. Me encantaría pensar que es lo que me toca el resto de la vida.

¿Cuál ha sido el personaje que más le ha costado?
El de doña Pilar Cisneros, unos tres meses. Cuando le noté el timbre y el acento sentí que lo podía lograr, pero me costó mucho hacerlo. Tenía que dominarla muy bien a nivel de voz para darle mente, por el rol que llevaba cuando trabajaba, que era muy pesado, porque ella sabía todo, es incisiva, debate, era conductora. Eso fue lo que más me costó.

¿Cómo se siente al lado de personas tan talentosas?
Superbién, confiadísima, porque uno siente el peso compartido. La idea es que del producto tan bueno que Norval ha creado, siga manteniendo esa calidad. Cuanta más gente buena haya, se genera competencia sana.


Tatiana Fernández B.
tfernandez@larepublica.net
@tfernandezLR






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