Chávez y Lula declaran su apoyo a Morales
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Chávez y Lula declaran su apoyo a Morales

Mandatario boliviano enfrenta un referendo revocatorio en poco más de tres semanas

Riberalta, Bolivia
EFE

Los presidentes de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, y de Venezuela, Hugo Chávez, mostraron el viernes su apoyo político a su homólogo de Bolivia, Evo Morales, cuando faltan más de tres semanas para que éste se enfrente al referendo revocatorio del próximo 10 de agosto.
“Aquí estamos, Lula y este humilde servidor, diciéndole a Evo que estamos con Bolivia y que estamos con Evo y que apoyaremos en (todo) cuanto podamos”, dijo el presidente venezolano.

Lula también se declaró “testigo” de la “voluntad del compañero Evo Morales de promover la efectiva inclusión de sectores efectivamente excluidos de la vida del país”.
El próximo 10 de agosto Morales se someterá al revocatorio de su mandato junto a su vicepresidente, Álvaro García Linera, y ocho de los nueve gobernadores departamentales, la mayoría opositores.
Morales agradeció la presencia de los “dos presidentes permanentemente solidarios con el pueblo boliviano” en Riberalta, población amazónica situada a 900 kilómetros al noreste de La Paz.
El mandatario brasileño subrayó a Morales su “sentimiento más profundo de alegría” cuando vio “al pueblo boliviano elegir a un indio para ser el presidente”.
“Tengo convicción de que la importancia de su elección ha sido mucho más significativa que la elección de un metalúrgico para presidir Brasil”, dijo al señalar, que “un indio y un metalúrgico, más Chávez y otros presidentes de Latinoamérica” no tienen derecho a equivocarse ni “aceptar provocaciones”.
“Estamos viviendo un momento histórico, gobernantes con apoyo mayoritario de las sociedades unen esfuerzos para 'redibujar' la geografía económica, social y política del continente”, afirmó el presidente de Brasil durante su discurso.
Además, Lula mostró su esperanza de que Bolivia, “con su conocida sabiduría consiga superar las dificultades coyunturales por medio de la democracia y el entendimiento”, en alusión a la crisis política boliviana.
De su parte, Chávez dijo que “más allá de las provocaciones” está la voluntad de sus Gobiernos de derrotar unidos “toda esas manipulaciones y campañas desatadas por todas partes”.
Los actos de la visita de los mandatarios transcurrieron en calma, en medio de un enorme despliegue de seguridad con policías y militares bolivianos, a pesar del rechazo de los cívicos de Riberalta a Chávez, al que habían declarado “persona no grata”.
Sin embargo, el fuerte despliegue de seguridad por parte de la maraña de “camisas rojas” venezolanas no tuvo que exhibirse, debido a que no se cumplieron las amenazas de los dirigentes cívicos de Riberalta de provocar incidentes, y no se apreció ni el más mínimo indicio de protesta.
En el abarrotado estadio municipal, Lula también anunció el regreso de las inversiones de la petrolera estatal Petrobras a Bolivia, donde mantuvo congeladas sus inversiones tras la nacionalización de los hidrocarburos decretada por Morales en 2006.
El presidente de Brasil también manifestó su intención de construir una hidroeléctrica y una planta procesadora de gas con una empresa industrial binacional.
Además, Lula y Chávez firmaron ayudas por $530 millones para la construcción de rutas en la amazonía boliviana que, en la práctica, unirán el departamento de La Paz con la frontera brasileña y se conectarán con las vías que van hacia el Orinoco venezolano.
En el caso de Brasil, está prevista que la construcción de este “corredor amazónico”, vía de 508 kilómetros que costará $230 millones, genere 15 mil empleos directos y 45 mil indirectos.
Por su parte, Chávez consignó con Morales la concesión de un crédito de $300 millones para apoyar las políticas viales del mandatario boliviano.
Morales agradeció la ayuda prestada por ambos países y la “solidaridad y trabajo” de manera conjunta y complementaria para resolver los problemas sociales de su país.
“Acá ya no hay imperios que nos puedan imponer políticas”, concluyó el presidente boliviano tras aludir a que esta ayuda ya no está condicionada a la adopción de políticas liberales, como, a su juicio, sucede con la que recibe desde Estados Unidos.

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