Rodolfo Piza

Rodolfo Piza

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Miércoles 9 Septiembre, 2015

En la supervivencia del sistema de la Caja, los costarricenses nos jugamos nuestra paz y seguridad social

CCSS: fortalezas, amenazas y el IVM

Un periódico nos recuerda que “pago de salarios en la CCSS asfixia inversión en salud”; en Facebook se copia una cita médica para 2020; este medio destaca que los gastos por consulta en la CCSS son muy superiores a los de las cooperativas. Un estudio actuarial prevé que en 2023 se agotarán las reservas del régimen de pensiones si no se producen cambios.
Sigo pensando que la CCSS tiene mayores fortalezas y oportunidades que debilidades y amenazas, pero si se siguen postergando las decisiones, estas pueden superar aquellas y destruir la institucionalidad social más importante del país.
Sus principales fortalezas son: compromiso histórico, social y político con el modelo; autonomía constitucional, personal profesional y técnico calificado, relativa independencia financiera.
Pero si no ajustamos sus servicios y sus parámetros difícilmente podemos enfrentar los retos. Necesitamos algunas reformas legales, mejorar la recaudación, contener el crecimiento del gasto y aumentar los servicios a la población y las inversiones.
Para ello no se requiere cortar personal ni remuneraciones, pero no se puede ceder más a grupos de presión, ni a intereses mezquinos.
Habrá que garantizar también la sostenibilidad financiera y confiabilidad social del sistema de pensiones de la CCSS (IVM), adaptando las condiciones de jubilación (edad, tasa de retorno, cuotas).
Aprobada la Ley de Protección al Trabajador y del SICERE, desde 2001 planteé una serie de reformas a IVM (ver mi libro “Seguridad Social: Nova et Vetera”, EDNASS), donde propuse: a) una reforma gradual de número de cuotas para jubilación, a razón de 3 meses por cada año, b) ajuste de las cuotas obrero patronales y estatales (en 1% decenalmente, pero reasignando cuotas totales, de manera que no aumenten los costos laborales), c) revisar la fórmula de cálculo de pensión (salarios anuales contabilizados e indexados por inflación), d) permitir jubilación anticipada con recargo actuarial hasta por 3 años, e) permitir que los trabajadores con más de 240 cuotas mantengan reglas vigentes, si aportan 2% más de su salario a partir de la reforma. Ajustar una única variable sería inviable (tendríamos que aumentar mucho la edad o aumentar insosteniblemente las cuotas obrero patronales).
Además, debemos revisar el manejo y la composición de las reservas y las inversiones, y seguir luchando por universalizar el Régimen No Contributivo (RNC) para las personas mayores que no tengan pensión y están en situaciones de pobreza. Este régimen es el más solidario. Es un contrasentido que el país subsidie ampliamente los regímenes de sectores menos necesitados (Poder Judicial, Magisterio, Hacienda), y que asigne pocos fondos para los más pobres.
Si se hacen los ajustes necesarios tendríamos pensiones de IVM para muchas décadas más. De lo contrario, la CCSS se irá comiendo las inversiones (pensiones del futuro), para atender las pensiones de hoy. Eso es una locura. Yo preferiría saber que me voy a pensionar hasta los 65 años, pero con un sistema sostenible que no me dejará botado cuando llegue a los 70.
En la supervivencia del sistema de la Caja, los costarricenses nos jugamos nuestra paz y seguridad social.

Rodolfo E. Piza Rocafort